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miércoles, 3 de febrero de 2016

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SECUESTRO
               
El estruendo finiquita la placidez del sueño. Un humo pestilente inunda la habitación. Intento incorporarme, pero unos encapuchados me lo impiden abalanzándose sobre mí. Mi rostro se tiñe de color rojo y la tos no me permite articular palabra.
No hablan, solo actúan. Dos de ellos me incorporan cogiéndome por las muñecas, con toda la fuerza y violencia de la que son capaces, consiguiendo que aúlle de dolor. El primer sujeto libera mi descoyuntada muñeca izquierda; el segundo, une las dos muñecas con una brida eléctrica y un tercero me agarra por el pelo, tirando de él como si quisiera arrancarlo. Otro de ellos utiliza una nueva brida con mis tobillos, mientras que el último no ha dejado de apuntarme entre los dos ojos ni un solo instante. La coordinada acción finaliza por el momento.
Las bridas hacen su trabajo, mi tronco inferior está inmovilizado en su totalidad y el superior parcialmente, excepto mi cabeza.
El humo se disipa. Intento averiguar quiénes son, pero no se distingue ninguna identificación en su negro uniforme, van completamente tapados, incluso nariz y ojos.
—¿Quiénes sois? —¡Ay! —noto un escozor en el cuello.
Acaban de inyectarme algo que rápidamente hace su efecto, mis ojos parpadean varias veces hasta que son obligados a cerrarse. Me tienden en el suelo, boca abajo, y bloquean mi cuello con una férula que se prolonga por toda mi columna hasta la cintura, cerrándose alrededor de ella. Entre sueños, percibo cómo me voltean y me introducen en una especie de bolsa acolchada.
Son profesionales, no parece que vaya a morir.
Hablan, no les entiendo.

BÚSQUEDA

Todos los paneles holográficos de la ciudad hablan del cracker, incluso los publicitarios. Informan sobre un activista del movimiento AmazingAction que ha logrado acceder a información gubernamental sensible y que pone en peligro la seguridad nacional, bla, bla, bla
El resto de información es un comecocos para los obedientes ciudadanos, y para los incrédulos: una recompensa de diez millones de créditos por facilitar datos que permitan la detención del activista.
—No está mal. Nunca pensé que tendría tanto valor. —Sonrío.

Es de noche y soy un blanco fácil por no respetar el toque de queda. Afortunadamente llueve. La cortina de agua se espesa y la visibilidad empieza a ser deficiente. Los protocolos de ahorro energético acentúan la oscuridad.
Es el momento de salir de mi escondite y continuar huyendo.

La Corporación sabe que la mascarada no es eterna y que la rebelión se producirá en cualquier momento. Siguen empecinados en el error y no pretenden modificar ni un solo milímetro el camino andado hacia el inevitable fin, por ello quieren recurrir a soluciones drásticas.
Nuestro mundo esta superpoblado, los recursos alimenticios y energéticos escasean y, para colmo, han nacido nuevas religiones comandadas por Mesías, apoyados por el gobierno, que aglutinan a parte de la población en guetos controlados.

Estoy empapado. Corro con todas mis fuerzas. A cada paso que doy, la fricción de la ropa con mi cuerpo provoca un ruido ensordecedor que se ahoga por la tormenta. Rozo las paredes de los edificios medio derruidos refugiándome en sus restos y sombras. Cada pocos metros me giro atrás, no veo nada. No hace falta que vigile el cielo, los drones no pueden volar en estas condiciones. Llueve intensamente en esta negra noche.

El hedor me hace caer en la cuenta de que la huida me ha llevado al antes prospero Barrio Chino; hoy, vertedero de desechos orgánicos de la ciudad.
Figuras fantasmales se arrastran por el pringoso suelo… son enfermos guareciéndose del agua entre los restos de vehículos y cascotes de edificios, cubiertos con restos de plásticos intentando aislarse del frío. Personas que han dejado de serlo para pasar a la etapa de animal asustadizo por la llegada de una muerte inevitable. Los más lúcidos, alzan su mirada hacia mí, aunque solo es curiosidad visual porque ninguno de ellos es capaz de levantarse y ni siquiera de hablar.  Desechos humanos semi inertes, fruto de las drogas que pretenden regular la superpoblación: drogas alucinógenas que te hacen sentir ser un súper hombre de energía inagotable que incluso olvida alimentarse. La píldora de la vida mejor, Bestlife, una sola dosis para convertirte en una bestia sexual, en un potente corredor, en invencible, en… el mejor. Una sola toma provoca una dependencia irreversible que precisa de su ración cada seis horas y en tres días… se produce un colapso multiorgánico y la muerte.

En el Barrio Chino, se ha realizado la experiencia piloto.
Durante dos años, el gobierno la publicitará como el recurso del pobre para conseguir la diversión del rico y… gratis. Dos años para fabricar tres mil millones de dosis, unas horas para distribuirlas y… tres días para morir.
¡No! Ya no sucederá.

¡Luces! Varios vehículos aparecen por detrás de mí. Deben actuar rápidamente y neutralizarme, si consigo escapar y revelar el secreto, La Corporación será desenmascarada y obligada a gastar enormes cantidades de créditos en recursos; en programas de re-educación y concienciación para relajar a la población a niveles que puedan manipular o la sublevación será inminente. Mi captura, juicio y posterior ejecución ha de ser inmediata. Mañana podría dar a conocer la información conseguida y ellos lo saben, la carrera es contra el reloj, si tengo éxito mi premio es seguir viviendo junto a tres mil millones de personas, si fracaso…
Estoy solo, estoy agotado, necesito descansar, dejar de huir…
Ese hotel abandonado será mi refugio por unas horas.

INTERROGATORIO

Una potente luz daña mis retinas a pesar de tener los ojos cerrados. Se oye una voz cercana, que poco a poco se hace entendible.
—Sr.  O’ Yama, sabemos que está despierto. No puede abrir los ojos ni moverse y, le aconsejo que no se esfuerce en hacerlo, solo conseguirá dolor y éste será más intenso cuanto más empeño ponga en no estarse quieto. —La voz retumba dentro de mi cráneo.
¡Joder! Mi agitación provoca un aplastamiento en mi cabeza amenazando con hacerla estallar… intento calmarme e inmediatamente la presión craneal cede.
Vuelve la Voz
—Eso está mejor. Está inmovilizado, acostado en una camilla y conectado a varios equipos que monitorizan todo lo que sucede en su cuerpo manteniendo sus constantes vitales en estado óptimo… usted decidirá por cuánto tiempo sufrirá esta situación.
La lucidez vuelve despacio y mi mente recupera parte de sus facultades. La persona que habla ha empleado plural por lo que no debe encontrase solo. Desconozco quiénes son y que pretenden, pero se han equivocado de persona. Me han llamado por un nombre con el que no me identifico, aunque me parece familiar.
—Están cometiendo un error… yo no soy esa persona…
La Voz me interrumpe
—Señor O’ Yama, no insulte a nuestra inteligencia. Disponemos de los resultados de los identificadores de compatibilidad, dactilares y oculares, no nos trate como…
Otro individuo interrumpe la conversación.
—Doctor, los sensores advierten que dice la verdad.
—¡Compruébelo! Es totalmente imposible. —La Voz es más autoritaria, si cabe.
Tras unos extraños ruidos y sus posteriores silencios, el subordinado vuelve a hablar.
—Doctor, lo he comprobado tres veces. El software y el hardware están funcionando correctamente. —Comenta el individuo muy agitado
—¿No es… O’ Yama?. —La Voz pierde energía.
—Eso no lo sé, lo que si tengo certeza es que ni siquiera está intentando mentir. —Dice el subordinado.
Durante unos instantes no se oye ningún sonido, aunque percibo una cercana respiración agitada y ruidosa. Parece que nadie se mueve esperando que la Voz desarrolle algún plan.
—Señor O’ Yama, está siendo muy hábil y hay que serlo para poder engañar a nuestros aparatos. Desconozco como lo ha conseguido, pero es cuestión de tiempo que nos diga la verdad. Vamos a seguir su juego durante unos minutos más, ¿quién es usted? —la Voz ya no suena tan segura y firme.
Aunque signifique el final de mi vida no puedo contestar otra cosa.
—No… no lo sé.
—Doctor, no hay engaño posible, sus vibraciones mentales dan una lectura concluyente, no miente. —Vuelve a la carga el subordinado.
—¡No puede ser!, sin recuperar la información sustraída y su confesión o la certeza de que miente, no podrá ser ejecutado, es la ley… ha de ser una trampa.
Silencio, este más prolongado.
Probablemente han transcurrido diez minutos cuando se percibe la apertura de una puerta corredera y una tercera persona habla:
—Doctor, el sedante ha dañado las neuronas del lóbulo temporal que están relacionadas con la memoria.
—¿Recuperable? —dice La Voz.
—Irreversible. —Afirma la tercera persona.
La Voz piensa unos instantes.
—¡Mierda, tendremos que soltarle! No podemos justificar por más tiempo su detención. Todo ha sido grabado y está en conocimiento de la población… Les hemos informado de que era el cracker que buscábamos…
—Doctor, aunque sea O’ Yama, los daños en su cerebro son definitivos, no podrá recordar jamás. La información debió memorizarla en la parte dañada y ahora ha desaparecido, no la tiene, ni la tendrá… Nada ni nadie nos impide ejecutar el plan, la fase uno puede comenzar según lo previsto. —Insiste la tercera persona.
Transcurridos unos breves instantes, La Voz, ligeramente más pausada añade:
—Reintégrenlo a la habitación donde lo encontraron y emitan una locución en el Canal Estatal comunicando que hemos recuperado la información sensible que ponía en riesgo la seguridad nacional gracias al arrepentimiento, no forzado, del señor O’ Yama, que ha colaborado voluntariamente y que por ello queda en libertad sin cargos. No olviden pedir disculpas por los problemas causados en el Barrio Chino. La Corporación se hará cargo de todos los desperfectos. La locución ha de terminar diciendo que trabajamos para la seguridad y tranquilidad de todos los ciudadanos.

La conversación se ha desarrollado en mi presencia e intento no sufrir más daños controlando mi agitación, ya tengo suficiente con el que se ha producido en mi cabeza.
Mis pensamientos se ven interrumpidos por un escozor familiar… me han vuelto a sedar. Dicen que cuando despierte no recordaré nada.
Extraña paradoja sin resolución, ellos no saben quién soy y yo tampoco… pero sé lo que soy y afortunadamente ellos no han podido reprogramarme.

PRELUDIO

Reunión en una sala secreta del núcleo de la Corporación de La Unión de Mandatarios de los Países Occidentales del Planeta. La reunión se desarrolla con personal presente y otros mediante hologramas en tiempo real.

Toma la palabra el mandatario franco-alemán.
—Estimados señores y señoras, les presento al doctor Josef Mengele.

El doctor Mengele enumera los resultados positivos de las pruebas realizadas mediante una droga que potencia las facultades físicas y mentales provocando prontas resoluciones (las más adecuadas) a problemas que se encuentran las personas tratadas en situaciones de stress en el campo de batalla.
A punto de terminar, el doctor Mengele, en un tono de voz más grave destaca:

—No tenemos resuelto los problemas que se derivan de los efectos secundarios: La dependencia. Una sola toma es suficiente para crear una potente dependencia del medicamento y la ingesta, por más de tres días, provoca el síndrome de disfunción multiorgánica con el resultado de muerte. —el murmullo entre los asistentes se hace presente, el doctor continúa con su exposición. —Los soldados sobrevivirán tres intensos y productivos días, misiones superiores a tres días precisarán de personal para cobertura de sustitución.  

Los mandatarios debaten sobre la droga y su aplicación militar.

Acuerdan, de forma unánime, que la reunión nunca se produjo y la droga nunca existió.

6 comentarios:

  1. Disculpa te puedo hacer una pregunta...? Que características de ciencia ficción hay presentes en el fragmento secuestro... Por fas

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    Respuestas
    1. Hola Karen, ese fragmento o escena forma parte de un todo (relato) y ese todo es un relato de ciencia ficción. Sólo como fragmento o escena puede ser tan actual como queramos y encuadrarse en cualquier género literario.

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