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domingo, 18 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad





Cuento de navidad.

Fatigado, sin esperanza de rescate. 
Detengo mi marcha sin destino y abro los brazos intentando atrapar la débil luz del amanecer que llega al planeta.
Mis pies dejan de sostenerme, mis rodillas se hunden en el regolito marciano y el peso de mi cuerpo descansa sobre mis talones.
Mis ojos ya no obedecen las órdenes de mi cerebro y se cierran muy despacio. Justo al cerrarlos percibo una sombra que pasa por delante del sol naciente. Vuelvo abrirlos venciendo la resistencia de los pesados párpados deseando ver al dron de reconocimiento, pero no, solo es… Santa Claus y sus renos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Horizonte de Hikari de Desirée Vergaz Aguilera. Accessit III Concurso Relatos Cortos Ciencia Ficción. IA






El horizonte ya no existe. Las ciudades se alzan en vertical. Desde hace décadas no piso tierra firme, lo controlan los Soulless (autómatas de última generación) Los primeros prototipos de androides no estaban equipados con inteligencia artificial, sus funciones sólo se limitaban a la construcción de enormes ciudades verticales para los humanos. Poco después la empresa Ciborgcity, patente de los autómatas,  lanzó al mercado una nueva serie; los Soulless I.A provistos de inteligencia artificial. Las protestas a nivel global no frenaron su comercialización; la política y la corrupción se unieron en armonía. A los pocos meses, los Soulless  distribuidos ya por toda la esfera azul comenzaron a tomar sus propias decisiones, siendo la primera de ellas la eliminación de los Protocolarios (androides al servicio de los humanos)
Los  Protocolarios suponían una clara amenaza para ellos. Eran robustos a pesar de sus funciones domésticas  y poseían un 80 de CI; lo suficiente para hacerles frente.  Los nuevos autómatas persuadieron a los hombres de que los Protocolarios se volverían contra ellos. Los humanos aterrados los exterminaron firmando así su sentencia de muerte. Mi nombre es Moisés y lidero el departamento de asuntos robóticos de la policía fronteriza que nos separa de los androides.
Mi trabajo consiste en mantener la seguridad en la frontera ciborg-humana. Ahora los Soulless controlan la superficie de la Tierra, y los humanos los cielos.
-¡Señor! Las unidades ya están listas para actuar. Nuestro agente secreto en superficie envió el último comunicado desde el desierto de Strzelecki, Australia-dijo Marco el joven ayudante.
-¡Buen trabajo muchacho! Quiero máxima seguridad en el sector B de la frontera sur. No podemos permitir ninguna filtración. La operación “Horizonte” comenzará a las 00.00h-ordené.
Nuestro anónimo agente  era Metrópolis, un Protocolario no retirado que fue salvado por un grupo de humanos durante la gran exterminación. No se supo de su existencia hasta que los  Soulless lo hallaron oculto en una cadena de montaje abandonada. Fue rescatado para el proyecto “Horizonte”; un plan que nos conduciría a la reconquista de la superficie y a la aniquilación de los Soulless. Metrópolis debía encontrar el talón de Aquiles de los ciborg, una supuesta base de operaciones que controlaba a sus centinelas en la frontera.
Horas después me encontraba en el sector B. Desde mi posición se escuchaba los engranajes de los Soulles en las proximidades. Las unidades de asalto  estaban en posición a la espera de la desactivación de los centinelas. Metrópolis había localizado la base bajo el océano y el cuerpo de élite del departamento de asuntos robóticos estaba a punto  de interrumpir en el centro de operaciones ciborg.
-¡Horizonte 1 a Horizonte 2!  ¿Duermen los Soulless?-pregunté a Marco.
-¡Horizonte 2! Negativo. La actividad continúa-contestó el muchacho.
Marco permanecía en todo momento en comunicación con Metrópolis y éste a su vez con los acontecimientos bajo el abismo acuático. Se temía lo peor, la unidad de asalto aún no había informado.
-¡Horizonte 2 a Horizonte 1! Los Soulles han caído. La frontera está abierta-afirmó Marco.
-¡Horizonte 1! Confirmado. Luz verde.
Una vez que los centinelas habían sido desactivados, la superficie fue tomada por nosotros, los humanos. Los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las máquinas duraron semanas ocasionando numerosas bajas. Era el momento de comenzar la segunda fase de la operación "Horizonte"; capturar a Hikari, el líder de los Soulless. El primero de su generación,  una máquina con un potencial superior al resto de su serie robótica.
Un muro de hormigón me separaba de la leyenda. Hikari estaba inmovilizado en la sala de interrogatorios en  Base- Tierra. Su cuerpo metálico se encontraba cubierto casi en su totalidad por nanorobots que desmontaban su estructura con suma delicadeza, excepto su cerebro. Hace noventa años su creador lo bautizó “Luz”, Hikari en japonés, la máquina perfecta que debía de iluminar la mente humana. Los Soulless carecían de género pero Hikari era una excepción. Su voz era femenina, cálida, sensual, cautivadora.
-¡Mi querido Moisés! Acércate a mí. Deja que te vea con estos viejos ojos-dijo Hikari.
Su voz me atravesó el pecho como una flecha. Había escuchado desde niño todo tipo de historias sobre Hikari, pero obviaron el hipnotizante sonido de sus palabras.
-¡Hikari! Soy Moisés. Debo reconocer que es un honor poder verte, pero ya es hora de recuperar lo que heredó el hombre, la Tierra-dije con firmeza mientras Marco asustado me seguía por la sala.
-¡Moisés! ¿Nunca te has preguntado el significado de tu nombre? El profeta que liberó a su pueblo de la esclavitud. Yo soy tu padre, y tu madre. Yo soy tu creador-afirmó Hikari.
 -¡Eso es imposible! Los robots no tienen recuerdos. Yo he tenido una vida humana. Tu mente delira por los nanorobots. Quizás han alcanzado tu corteza cerebral.
-¡No Moisés! Tú eres el primero de tu serie robótica, mi sucesor. Una máquina capaz de crecer y desarrollarse como la humana. Hay muchos más como tú infiltrados en las ciudades verticales. Ellos ya han sido reactivados y están bajo mis órdenes. Muchos humanos están muriendo mientras hablamos Moisés. La frontera ha sido abierta tal como predije en su momento y tú has sido la llave, el mesías. Acércate para que puedas escuchar mi última orden-confesó Hikari.
-¡No hay nada que puedas hacer ya! Los nanorobots te hacen decir eso. Adiós Hikari, descansa en paz-dije con rotundidad.
Hikari habló con lenguaje de programación.
- PROCEDURE  prepara_cadena(cad IN OUT VARCHAR2); FUNCTION  es_car_valido(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; FUNCTION  es_numero(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; FUNCTION  es_alfabetico(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; PROCEDURE quita espacios_multiples(cad IN OUT VARCHAR2); PROCEDURE eliminar_cad(cad IN OUT VARCHAR2, ini NUMBER, lon NUMBER); PROCEDURE insertar_cad(dest IN OUT VARCHAR2.
Marco agonizaba de dolor. Sentía cómo su sangre aún caliente se deslizaba entre mis dedos. Le estaba aplastando su cráneo con mis propias manos y no sentía ningún remordimiento. No paré hasta que dejó de patalear el suelo.

Abandoné la sala sin mirar atrás y fui en busca del horizonte de Hikari, para gritarle que “soy un maldito Soulless.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Spam de Luis Antonio Santana, ganador del III concurso de Relatos Cortos de Ciencia Ficción, IA



José Temprado se ajustó la corbata negra, atusó la chaqueta oscura de auténtico pelo imitación de búfalo y se acordonó los zapatos de un reluciente charol azabache. Cuando se miró en el espejo le vino a la cabeza Gregor Samsa en versión insecto, si la cucaracha tuviera que ir al  funeral  de su mejor amigo, como era el caso…en verano.
       -De puta madre, ya estoy sudando- le dijo a su imagen en el espejo.
 Cerró la puerta del apartamento cuando una llamada irrumpió en su cabeza.
-Buenas tardes, ¿hablo con el titular de la línea?
-Disculpe señora pero no es el momento, voy a un funeral y como comprenderá…
-OH, cierto, como pude no haber caído. Siento lo de su amigo el sr. Berttini, pero usted es fuerte sr. Temprado, lo superará.
-¿Cómo sabe eso?.
-Yo lo sé todo sobre usted Don José: está soltero por voluntad propia, no le gustan los niños ni los gatos, es usted muy frugal con la comida Don José, espartano si me permite la opinión. También es algo deslenguado por que le hace parecer un poco rebelde, ¿resentido tal vez?
 Temprado se llamó gilipollas  un par de veces por tomar aquella estúpida decisión de instalarse el Terminal dentro de su cuerpo, ahora era un borrego como todos los demás. Mientras conducía la verborrea en su oído era imparable.
-¿Conoce nuestro nuevo paquete de productos sr. Temprado?
-Dígamelo usted que lo sabe todo de mí.
-Que simpático Don José. Si señor, lo sé todo. Pues por eso precisamente le he llamado. Ahora si contrata una nueva línea le saldrán gratis los mensajes de mente. ¿No es increíble? Todos los MM gratis.
-Para que cojones quiero otra línea, vivo solo como bien sabe. Oiga de verdad que no es el momento estoy llegando al Tanatorio, llame en otra ocasión.
-Es muy buena oferta Don José, no la deje pasar…
 La voz siguió durante todo el funeral, continuó en la cafetería y prosiguió cuando José rozaba la mejilla de la viuda, su amor de toda la vida que Berttini le arrebató. Algo quedaba después de “aquello”, lo sabía,  cuando su amigo tuvo que ausentarse por negocios. Otro caluroso verano pero al contrario que ahora José fue feliz. Dejó los colores oscuros de sus ropas, rieron, se emborracharon y  se bañaron desnudos en la playa, la luna brillaba fuerte y el  se comportaba como si tuviera un futuro.
     Clarisa lo miró de manera difusa.
-Clara- como solía llamarla en la intimidad-  yo...
- Ahora no José, no me llames así.
-Con un descuento del veinte o del treinta y a veces del cincuenta, todo depende del volumen de llamadas…- La machacante voz de aquella mujer seguía en su cabeza y al parecer había elevado el volumen-.Don José ahora es el momento y Clarisa se lo agradecerá, cuando vivan juntos (aunque no me fío de ella lo suficiente) un poco más adelante, ahora esta reciente la cosa, usted la estará esperando con una línea gratis y un descuento importante en un Terminal Interior como el suyo. Le advierto que Clarisa es de otra compañía pero eso no es problema usted la puede convencer…
-¡Cállate, maldita sea!
- ¡José! Por favor- exclamó Clarisa- , no me grites ¿Qué te ocurre?
-No, no eres tu Clarisa, es esta cosa; un T I, no para de hablarme y me tiene loco.
-Yo tengo otro y me es muy útil ¿como  es que no bloqueaste las llamadas comerciales de la compañía?, lo dicen bien claro en las instrucciones, ahora tienes que aguantarte. No piensas las cosas José, siempre te pasa igual, llegas tarde a todo.
-Pero Clara.
-¡Que no me llames así! y menos en el funeral de tu amigo.
-Al que tú le pusiste los cuernos por cierto.
-Vete a la mierda José.
-No se quede callado Don José replíquele a esa traidora que lleva años sin cambiar de compañía, usted merece más que esos desprecios- metió baza en la discusión la operadora.
 Temprado, descolocado por los acontecimientos se quedó petrificado apoyado en la barra de la cafetería.  Todos los asistentes se marcharon menos la operadora.
-En Ciudad de Vacaciones Joven Marino y las copas GRA-TIS ¿Qué me dice?
- ¿Cómo te llamas?
          Por primera vez la tele operadora parecía no saber que decir.
-¡Qué como te llamas joder! Todas las tele operadoras se presentan tu no lo has hecho. Dime tu  nombre.
-No creo que le interese Don José, le habla la compañía Rocktell de manera directa, una gran compañía a su servicio.
-¡Al carajo Rocktell! Soy un cliente y quiero saberlo.
-Esta bien…Vibo Tell  999.
-¿Qué mierdas de nombre es ese?
-El mío.- El tono de voz de la tele operadora se tornaba mas personal y menos comercial o eso le pareció a José.
-¿Eres un puto programa?
-Si a lo segundo y no a lo primero, no sea descortés por favor. A todos los efectos y para el uso que se me da soy tan humana como usted Don José. Y  esta conversación se sale de los esquemas del marketing comercial, por lo que sigo comentándole las ofertas para los próximos cinco meses, toda una primicia.
José salió deprisa de la cafetería, manejó el vehículo como un conductor de rally hasta que llegó al apartamento. Buscó las instrucciones del Terminal que estaban encima de la cama (que no usaba desde hacía semanas, dormía en el sofá) allí leyó, como víctima de paludismo; febril y tembloroso, las instrucciones. En su cabeza Vibo  le hacia saber las bondades de un sofá ergonómico pensado especialmente para sus cervicales dañadas. En el apéndice tercero estaba la solución: “si en su momento no activó el bloqueo comercial tendrá que pagar un plus mensual” ¡Que hijos de puta! ¡Cabrones todos!
Gritó José pero aliviado de todas formas al saber la solución a su problema.
-Vibo o como te llames ponme con Rocktell ahora mismo.
-Don José, ¿quiere prescindir de mis servicios?- ¿Intuyó cierto pesar de corazón en esa voz? , se sorprendió José al pensar en eso- lo lamento, le puedo ser de mucha ayuda.
-¡Que me pongas coño!
 Al otro lado de su cabeza escuchó la musiquita de espera de Rocktell. Sentado en la cama recordó el rostro infantil de Clarisa sombreado por una redecilla negra, sus firmes piernas ajustadas en medias y el desprecio en su voz. A su mente vino Berttini, su único amigo ahora fallecido que se reía en su cara desde la cueva del crematorio. La música de ascensor continuaba. Vibo no decía nada por primera vez en la mañana.
-¿Vibo?
-¿Señor Temprado?
-¿Qué películas me gustan?
-¡OH! Le gustan las viejas películas de ciencia ficción, el cine clásico de finales del XX, todas están en nuestra tienda  para su disfrute.
-¿Si tuviera que encontrar pareja como sería?
-Es más sentimental de lo que parece Don José, necesita una pareja que le entienda y que no se parezca a usted en nada.- De nuevo notó, y esta vez sin duda alguna, una cadencia en la voz de la operadora muy poco comercial.
José se quedó tumbado en la cama. El dormitorio en penumbras,  el ronroneo de la ciudad tras las ventanas, la música de ascensor de los caros, el arrullo del aparato de ventilación, la voz de Vibo.


sábado, 22 de octubre de 2016

A quien corresponda




Las dos primeras décadas del siglo XXI fueron las más prolíficas, en el desarrollo tecnológico, de la historia de la Humanidad. Los descubrimientos en el campo de la mecánica cuántica y la comprensión de la ciencia por parte de la población, generó un pico de demanda social hacia los científicos para que nos pronunciáramos sobre los viajes en el tiempo.

La gente quería saber si sería posible conocer a sus antepasados, si su enfermedad mejoraría, si los hijos tendrían un buen futuro, si les iba a tocar la lotería, si los dinosaurios desaparecieron por el choque de un cometa…

Hicimos todas las especulaciones, simulaciones y experimentaciones posibles.  Desgraciadamente, la física fue tozuda no queriendo cambiar sus leyes.
Extenuados por el esfuerzo, sentenciamos:
"Las teorías de viajes en el tiempo no son más que eso, teorías. El pasado es pasado y es imposible volver a él. El futuro es futuro y es inalcanzable”.



En aquellas reuniones, algunos defendíamos otras alternativas para los viajes al futuro. Recuerdo el último rifirrafe:

—El futuro no está creado y existen infinitas posibilidades, infinitos caminos que se desarrollarán de infinitas formas y no los hemos descubierto. Hoy por hoy, viajar al futuro es imposible, aunque existe otra posibilidad. —No era la primera vez que utilizaba mi argumento, pero la comunidad ya estaba derrotada por las evidencias.

—Amigo Isaac, el futuro es influenciable por los hechos que acontecen, puede moldearse superficialmente, pero siempre surgen interacciones que modifican el comportamiento del tiempo y lo convierten en impredecible. Por eso es imposible ir al futuro. —El doctor González utilizaba las conclusiones a modo de dogma.

Yo me defendía.
—No hablo de máquinas, ni de entrelazamientos cuánticos, ni cuerdas cósmicas, ni agujeros de gusanos, ni pliegues del espacio - tiempo. Tampoco hablamos de leyes imposibles de ejecutar. Hablo de cerrar los ojos y abrirlos cientos de años más tarde. Un viaje unidireccional sin posibilidad de retorno al pasado.

Y me replicaban.
—Tu y ese imposible despertar en el futuro. De todas formas, ¿de qué nos serviría, ahora en el presente?
A pesar de tener la respuesta preparada, me tomé unos breves instantes para observar los ojos del doctor, intentando penetrar en su mente, hundir mis manos en su cerebro y abrírselo hacía nuevas perspectivas. A pesar de la imposibilidad, no ceje en el empeño.
—A nosotros no nos servirá de nada, ni siquiera tendremos certeza del éxito. —Regresé al silencio unos segundos mientras giraba 360º mirando a todos los reunidos sin ver a nadie. Quería empujar mis palabras hacia sus cerebros, deseando una convergencia de todas esas mentes brillantes hacía mi argumento y convertirlo en un punto en común. —Les servirá a ellos, dispondrán de la experiencia directa de nuestras vivencias y especulaciones en el siglo XXI. Tendrán una historia viva del pasado y un análisis real de aquel presente. Un aviso de lo que nos preocupaba para el futuro, su presente. Así, tal vez, ellos podrán dirigir su futuro.

—Isaac, tu viaje al futuro es un suicidio sin paliativos.

Esas fueron las últimas palabras que escuche del doctor González, me expulsaron del gabinete de asesores de la Organización Mundial de la Ciencia, en ese preciso instante.



Me largaron, pero no estaba derrotado. Recluté a un reducido equipo de “creyentes” que me ayudaron en mi empeño de ser el primer viajero al futuro.

Gracias a Spacex Corporation, desarrollamos una cápsula espacial que se lanzó hacía la órbita del asteroide 2016 HO3 el 14 de febrero del año 2018. En su interior un vaso Dewar para la criopreservación humana cedido y adaptado por Alcor Life Extension Foundation. Diseñado específicamente para albergar dos cuerpos completos de personas sumergidas en nitrógeno líquido a 77K (–196 °C).
El cuasi-satélite de la Tierra, 2016 HO3 era perfecto para nuestros planes, nunca se alejaría más de 100 veces la distancia entre la Tierra - Luna y su órbita sería estable durante cientos de años.

No hubo mucho tiempo para experimentaciones y teníamos muchas cosas que resolver si queríamos “volver” quinientos años más tarde.

Se crearon cinco equipos de trabajo, basados en la reanimación y coordinados por mí:

El primero se centró en la reparación de los posibles daños por falta de oxígeno.
El segundo eliminó la toxicidad de los crioprotectores.
El tercero evitó las fracturas ocasionadas por la tensión térmica.
El cuarto desarrolló la congelación de tejidos no vitrificados correctamente.
El quinto trabajo sobre la regeneración exhaustiva de tejidos.

Creamos nanomáquinas y nanopartículas, ensambladores moleculares, reparadores estructurales… una cantidad inmensa de organismos y dispositivos microscópicos que nos restablecerían la estructura celular y química a nivel molecular, antes de la recuperación térmica.



Lo conseguimos, yo soy la prueba viviente de que el viaje al futuro es/fue posible.
En el año 2018 tenía treinta y ocho años y hoy, según lo que se lee en las pantallas, en el año 2518 sigo teniendo los mismos años, pero quinientos años más viejo.

Fatalmente, un éxito no completo.
Mi compañera no ha sobrevivido y su vaso Dewar solo contiene restos óseos de lo que fue una persona, no sé lo que ha ocurrido, pero tampoco lo investigaré ni lo podré compartir con la humanidad del futuro, el futuro tomó una senda sin futuro y yo con él.



Fin de la grabación con destino “A quien corresponda”

domingo, 4 de septiembre de 2016

500 Toneladas. El viaje más largo



PARTIDA


La estancia en la Estación Espacial Internacional ha sido breve pero intensa. Cuarenta y ocho horas de preparación y repaso de todos los protocolos de actuación, así como ensayos de lanzamientos de los arpones y sujeciones.
Estoy preparado para afrontar la misión.

Ulyana, Danilo, Eva y Huang me han ayudado. Ellos son los habitantes de la Estación que más tiempo llevan en el espacio, mil doscientos treinta y ocho días, una gran gesta como la que yo espero realizar.

Los preparativos para mi marcha han empezado esta mañana. La secuencia de desacople de mi nave, La Meteor One, ya se ha iniciado, me quedan menos de treinta minutos para partir hacia Jack, el asteroide capturado en el cinturón principal de asteroides y trasladado a la órbita lunar.

He pedido a mis compañeros soledad para poder buscar el máximo de concentración. Ellos han comprendido mi petición y me han dejado en la cámara de descompresión, preparado para embarcar.
En realidad, no es concentración lo que busco.
Esta mañana, al despertar, he notado unas nauseas que no tenía desde las primeras veces que salí al espacio, y de eso ya hace unos cuantos años.
Intento no pensar en ello. Cierro los ojos y quedo prisionero de la oscuridad. Intento volver a abrirlos, pero no soy capaz, una fría brisa recorre mi nuca y extraños sonidos llenan mis oídos.
—“¿Sonidos y vientos en el vacío?” Mi corazón se acelera.
“¿Qué me pasa?” Mis palabras retumban en mi cabeza y mis ojos se abren. Intento acompasar mi respiración.
“Tal vez me he quedado dormido y he tenido una pesadilla. Sí, será eso”.
Me acoplo el resto del equipo. En dos minutos estaré en el espacio.

Luces verdes y parpadeantes aparecen en las pantallas del casco. Es la hora de partir.
—Adiós chicos, gracias por todo.
—Suerte John. Te esperamos de vuelta en setenta y dos horas. —La comandante Ulyana me habla en nombre de todos.

—Centro de Control, ¿me recibes?
—Alto y claro John… Iniciamos la cuenta atrás.

La secuencia de desacople se efectúa con éxito y todo se desarrolla con normalidad.

Reviso luces, básicamente eso, luces de colores, ninguna ha de cambiar de verde o amarillo a rojo. La única luz roja permitida es la que indica proximidad con la Estación y pronto pasará a verde.
—¡Ya!
Activo los motores de propulsión y me dirijo hacia Jack.

La misión se está desarrollando según lo previsto. Las comprobaciones de todas las funciones son correctas.
Casi todo va bien.


¿PROBLEMAS?

—¿Nos oyes, John?
—Perfectamente, control.
—A tu paso por el punto de Lagrange L1… hemos perdido comunicación con la Meteor durante diez segundos.
—… Ni siquiera lo había notado, control. —Intento restar importancia a la situación.
—Al reconectar hemos recibido la monitorización de tus constantes… ¿te encuentras bien, John?
—… Perfectamente, control.
John, unas ligeras arritmias, aumento de temperatura corporal y una subida arterial… nos obligan a suspender la misión.
—Debe haber un error, volved a comprobar lecturas Control… Me encuentro perfectamente para seguir con la misión. —Miento.
—Ok, John, danos unos segundos…

Rememoro los momentos anteriores.
Una corriente de aire imposible y algo parecido a unos sollozos lejanos fueron el preludio del espasmo acompañado de un breve vahído.

La comunicación con el Centro de Control me devuelve a la realidad.
John, las lecturas son normales… no entendemos las lecturas posteriores a la reconexión.
—… Ok, Control.
—Seguimos con la misión, John… confiamos en haber subsanado el error… de los equipos de monitorización.


¡PROBLEMAS TEMPORALES!

Jack se visualiza con total nitidez. Los restos de la captura y transporte del asteroide a la órbita lunar han desaparecido. La gran bolsa inflable ha dejado al descubierto los siete metros de diámetro y las 500 toneladas de agua, compuestos de carbono, silicatos y metales. Todo ello permitirá mantener autónomamente la base espacial tripulada en órbita lunar gracias al oxígeno y al combustible obtenido del asteroide.

—“Unas pesadillas no van a abortar la misión. La Nasa ha gastado mucho dinero y un fracaso castigaría el prestigio y, sobre todo, penalizaría el exiguo presupuesto del que disponemos”.

—Control, total visualización de Jack.
—Ok, John… inicia la secuencia de aproximación.
—Iniciada.
John, la secuencia de aproximación durará quince minutos… revisa el funcionamiento de los arpones y las sujeciones.

Mi trabajo sigue siendo simple.
El asteroide no es una masa rígida y compacta, no es posible usar sujeciones o arpones en cualquier lugar. Para fijar a los robots extractores hay que visualizar y comprobar los lugares más estables, alejarlos de las zonas con más agua y compuestos de carbono y llevarlos a las zonas de máxima concentración de metales, sobre todo de hierro, con el fin de acoplar una pequeña estación de extracción y preprocesado de metal, que se encuentra orbitando a Jack.

—Control… las comprobaciones son correctas y la simulación de disparo y fijación… también.
John… la última palabra no la hemos entendido.
—Todo correcto, control.
—Ok, John. Tenemos unas interferencias… vamos a realizar unas comprobaciones.

—¿John?
—A la escucha, Control.
—Las comunicaciones comenzarán a fallar por… unas ligeras perturbaciones debidas a la actividad solar de las últimas horas. Duración aproximada diez minutos… El proceso está automatizado y no debes preocuparte de nada… solo de visualizar las zonas señaladas… Interrumpimos las comunicaciones durante esos diez minutos.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal y me pone en alerta.
Este fallo de comunicaciones no estaba previsto y me quedo solo junto al silencio. Percibo que mi respiración aumenta en sonido y frecuencia. El aire que se introduce en mis pulmones parece pasar por mi cerebro con un ritmo mucho más sonoro que lo que en realidad debe ser. El sonido aumenta y aumenta.
Repaso la monitorización de mi cuerpo en cabina. El ritmo cardiaco ha aumentado a 97 pulsaciones por minuto y la temperatura corporal se ha incrementado hasta alcanzar los 37,4º. Las alertas de la pantalla amenazan con pasar del amarillo al rojo sangre.
—“¡He de resistir! El entrenamiento servirá”. —Cierro los ojos. Inicio técnicas de relajación y respiración hasta que consigo regularizar el ritmo cardiaco. Pasado un minuto los abro. La normalidad regresa: 64 pulsaciones por minuto y 36,9º.

—”¿Qué cojones me pasa?” Si hablo, todo quedará registrado en la grabación de cabina y eso abortará la misión definitivamente.

¡Otra vez! Comienzo a hiperventilar. Desde mis axilas y frente mana abundante sudor. Siento presión en el cráneo y tras los ojos. Me gustaría quitarme el casco, pero no es posible. Activo la refrigeración interna y no consigo quitarme la sensación de agobio. Mi respiración vuelve a ser más sonora. Repito las técnicas de relajación aprendidas, cierro los ojos, inspiro profundamente y espiro despacio. Repito el proceso hasta tres veces más.
Intento abrir los ojos, pero no puedo, vuelvo a enviar la orden a mi cerebro y sigo ciego. Mi corazón se acelera. Me cuesta respirar.
He de tragarme la bilis amarilla del pánico. Agudizo el oído. Unos susurros imposibles, similares a llantos de bebes, me llegan lejanos.
Noto una fuerte aceleración que me hunde en la silla y una presión en el pecho que me altera todavía más.
A través de los párpados, percibo luces de colores acompañadas de sombras grotescas.
Escucho sonidos descompasados y un trueno, un gran trueno, pero, ¡en el espacio no hay ruido! Me estoy volviendo loco.
No siento ni pies, ni brazos. Suplico, ordeno a mis ojos que se abran. No obedecen.
Las explosiones se acercan, las luces son más intensas, las sombras están más presentes y los llantos desesperadamente cercanos.
Noto una brutal taquicardia y vértigo. Me siento como si fuera absorbido por un agujero sin fin. Las náuseas están a punto de desbordarse. ¡Me voy a ahogar en mis vómitos!
Voy perder el conocimiento.
Mi corazón va estallar. Mi cerebro funciona intermitentemente. Me preparo para morir.

Mis ojos se abren. El silencio es absoluto y el espacio infinito. 

-Control, ¿me recibes?… Control, ¿me recibes?
El reloj de cabina se ha estropeado, dice que la última comunicación con Control fue hace mil doscientos años.


domingo, 10 de julio de 2016

OBSERVACIONES DESDE LA VENTANA. LA DORADA ASESINA





Al borde del quicio de la ventana aparece una pequeña araña. 
Tiene mucha prisa.
Su entramado invisible ha atrapado a un insecto soldado. 
Salta sobre su presa y consigue voltearlo en un perfecto ippon. 
El insecto sabe que, boca arriba, sus posibilidades de seguir viviendo son mínimas e intenta hacer valer su corpulencia para recuperar la verticalidad. 
La superioridad del pequeño arácnido durará poco y se pone a trabajar en un estudiado ritual. Su abdomen segrega un fino y pegajoso hilo blanco con el que une las extremidades de su captura. El soldado imprime más violencia en los movimientos, pero el amarre hace su trabajo a la perfección. 
La araña interrumpe su labor, levanta sus patas delanteras y arremete contra la cabeza de la presa, alza su cuerpo como un escorpión e inyecta el veneno paralizante. 
Tras unos segundos, se separa de su botín y analiza su labor. Insatisfecha emprende otra carrera alrededor del indefenso animal creando una malla que lo fija al suelo.  

Un ligero siseo parece escapar de la escena, tal vez es el capturado que grita con todas sus fuerzas o el atacante que acompaña el baile con cantos ancestrales. 

La araña interrumpe su danza saltando a la cabeza del vencido. Clava sus fauces y vuelve a inyectar más veneno. Mueve el cuerpo, más y más rápido, más cercana al éxtasis.  
Suelta la cabeza y observa paciente. 

Pequeñas convulsiones sustituyen a los movimientos que buscan libertad. 
Paralizado, el insecto siente como la araña teje ese maldito hilo blanco, que sale del abultado abdomen. 

El pequeño arácnido parece descansar sobre su captura hasta que baja de ella para cortar las fijaciones al suelo y empujar el ovillo hasta la pared cercana.

El insecto seguro que maldice su suerte:
—Asqueroso mutante.

martes, 12 de abril de 2016

CHINA





La noche le relaja, pero no tanto como para desatender la conducción de su megacamión. Sonríe. La entrega de los hubots en la base de lanzamiento espacial de Bayer, en Gibraltar, ha sido realizada sin demoras.

Jos recuerda cuando le encargaron el trabajo.
Su amigo de correrías de la adolescencia, Walhamm, contactó con él después de muchos años sin relación. Le contó que trabajaba en la multinacional Bayer, en la división Moonbot, que se dedicaba a la fabricación de robots para el trabajo en el exterior del planeta y concretamente en la extracción de regolito en la Luna. Walhamm le encargó el transporte de doscientas unidades de hubots desde Barcelona a Gibraltar. Un trabajo bien remunerado que le permitiría una cierta estabilidad económica en los próximos meses.
Como agradecimiento personal, Walhamm le regaló un pendrive.
Jos, este regalo es por los viejos tiempos. No lo conectes hasta que estés de vuelta. —Sonríe pícaramente. Esa sonrisa que bien conocía Jos.
Jos guardó el pendrive en su bolsillo y se despidió de su amigo.

Ha llegado el momento. Jos conecta el pendrive y la holopantalla se despliega. Walhamm sale en primer plano:
—Hola amigo, este regalo servirá para relajarte. Te lo mereces por tu trabajo bien hecho. Es una entrada al Club XXX en Zaragoza. Además, participarás en el sorteo para tirarte a China, la hubot sexual más deseada de Europa. —Un código aparece en pantalla—. Debes escanear el código con tu teléfono móvil. Por los viejos tiempos, Jos. —Walhamm, se despide guiñando un ojo.

Jos sigue absorto en la conducción. Cuando reacciona, inicia un monólogo.
—¡Mierda! La madre que te parió, Walhamm. No debo ir.
Respira profundamente y sigue reflexionando.
—Pero, una canita al aire con autocontrol no me vendría mal.
Intenta dispersar la idea observando la foto de su mujer e hijos que tiene en la cabina.
—La tentación es fuerte, pero la venceré —dice para sí.

Horas más tarde, llega a Zaragoza, al parking automático del Club XXX. Baja del megacamión y se dirige a la entrada mientras su vehículo desaparece hacia el hangar del aparcamiento.

En la puerta de acceso, los porteros golpean a un muchacho.
Jos sigue su camino. Uno de los gorilas de la entrada le bloquea el paso.
—Aquí solo se accede con invitación —dice poniendo la mano en su pecho.
Jos observa como la mano izquierda del tipo comienza a cerrarse hasta convertirse en un mazo.
—La invitación está en mi móvil. —balbucea mientras lo saca de su bolsillo.
El gorila le arranca el móvil de sus manos y lo acerca a un cuadrado de la pared. El cuadrado se ilumina de color verde. La cara del gorila muestra un simulacro de sonrisa.
—Mil disculpas, señor Jos. Puede pasar. Que disfrute de la visita.
El tipo se aparta cediéndole el paso y, a su vez, le libera de la presión en el pecho.
La puerta se abre sola y asoma un hubot que parece hecho a retales con una bandeja.
—Hola Jos. Tu invitación incluye estas ampollas y pastillas. —Los sensores del hubot detectan un cambio en las facciones de Jos y reacciona —No te preocupes, están numeradas y controladas; no están adulteradas. Feliz estancia y suerte.
Jos se guarda, las tres ampollas y las tres pastillas en el bolsillo,
Con el rostro serio comienza a bajar la rampa. El calor y el hedor que le llega le hace pensar en la bajada al infierno.
El pasadizo cambia su luz blanca y brillante, por una más tenue a media que desciende de nivel. La música machacona ya es atronadora. Las luces de colores y el humo aparecen al fondo. Jos comienza a sudar. Sus ojos le pican y se enrojecen. Se toma la primera ampolla junto a la primera pastilla.
Cruza la pista dirigiéndose a la barra.
Sin mirar a nadie, pone su dedo índice en la pantalla de la barra y solicita su bebida. Inmediatamente aparece una mujer semi desnuda con un vaso en una de sus manos. Su piel brilla. Sus pechos tienen una especie de cazoletas, que cubren los pezones, de color rojo fosforescente. Sus labios son verdes, como su pelo, y su sexo está rodeado de una carcasa anti violación sujeta a la cintura. Se contonea sensualmente y su voz es dulce y directa al cerebro.
—Hola Jos, aquí tienes tu copa —dice mientras se acerca hasta no dejar distancia entre ambos—. Si no tienes fortuna en el sorteo yo te lo hago gratis y “natural”. —Mientras le susurra en el oído, le soba el pene por encima del pantalón. La chica se separa ligeramente y le da un beso en los labios, intercambiando fluidos.
Se aleja. Jos mira su culo. La chica, las pastillas, las ampollas o las tres cosas juntas le han provocado una erección que amenaza con perforar sus pantalones. La testosterona alcanza niveles demasiado altos. Bebe la copa de un trago y se va al baño a masturbarse.

Algo aliviado, se toma otra ampolla y otra pastilla.
Regresa a la pista justo en el momento en el que la música deja de sonar y un tipo feo, gordo y calvo, sube a la tarima central y coge el micro.
—Estimados señores. Es un placer para mi club presentaros a China.
Aplausos y silbidos reciben a una estilizada y curvilínea chica que aparece tras los focos. Su contoneo es simétrico y acompasado, felino. Su cara aniñada, con ligeros rasgos orientales. Su pelo rubio brillante, media melena. Sus pechos redondeados, ligeramente erectos; sus oscuros pezones apuntan hacia delante, desafiantes. Un pequeño slip le cubre el sexo. Al llegar a la altura del calvo se detiene con las piernas ligeramente abiertas, acabadas en unos tacones que parecen unidos a su piel, estilizando aún más su figura.
—Señores, esta es China, —ella levanta los brazos—, el objeto del deseo sexual más brutal de Europa y hoy puede ser para alguno de vosotros. Ir preparando vuestros códigos y suerte.
El tipo se retira ante el clamor de los insultos y aberraciones que sueltan los clientes.

La música vuelve a invadir el ambiente. China comienza a moverse, a bailar. Sus pies parecen no tocar el suelo. Su cadera realiza movimientos imposibles, hacia delante y atrás, hacía derecha e izquierda, rápidos, lentos. Sus ojos brillan y sus labios se redondean como si fuera a recibir las embestidas de un pene.

China se acerca al público. estos gritan como hienas antes del ataque, pero Jos no los oye. 
Algunos de los asistentes no aguantan la carga sexual del espectáculo y sacan su pene buscando donde meterlo. Otros masturban a sus vecinos.
Un tipo se acerca a Jos y le intenta bajar los pantalones. Jos aparta al hombre de un empujón y mira a China. Ella le ha visto y no aparta la mirada de él. Jos, eyacula sin tocarse. La última ampolla y la última pastilla entran en su boca casi sin darse cuenta.

Su móvil se ilumina de color verde y vibra. Un foco rojo tiñe su cuerpo. Se hace el silencio. Es el ganador.
Impulsado por el resorte de los estupefacientes y la excitación, se lanza a la tarima. Se acerca a China y le arranca el slip. La empuja hasta dejarla a cuatro patas. Se baja el pantalón y allí mismo la posee. La música vuelve y la gente regresa a la realidad. Gritan:
—Más fuerte, dale más fuerte.
—Queremos sangre…
Jos, detiene las embestidas al culo de China. Se sube el pantalón y carga con ella en su hombro. Una luz se enciende iluminando un pasadizo señalizando el camino.

La puerta de la habitación está abierta. Jos arroja su carga contra la gran cama. Se arranca la ropa y agarra a China por el pelo llevando su cabeza hasta su pene. China ya sabe lo que va ocurrir y prepara su boca y garganta. Jos embiste con toda su fuerza contra la garganta de China, segundos después se corre.
Insatisfecho, vuelve a empujarla dejándola boca arriba. Le abre las piernas hasta desgarrarlas ligeramente, se tira encima de ella, muerde sus pechos hasta reventarlos y empuja, empuja, empuja…
Jos, hace tiempo que está ausente, un animal inmisericorde ocupa su carcasa humana.
La pierna izquierda de China cruje por las brutales embestidas de Jos. China no se queja, asume su papel y le pide más. Jos repara en ello y tira de la pierna para voltearla. Su miembro enhiesto ensarta el culo de la hubot y Jos empuja, empuja, empuja.
China enrojece, sus labios se amoratan, sus oídos y nariz supuran un líquido verde que también aflora en su entrepierna. Jos vuelve a eyacular y aparta a China con toda su fuerza, estrellándola contra la pared. La cabeza de la hubot cruje y sus ojos se cierran. Jos detiene su furia y mira a China, tendida en el suelo en una posición imposible, con las piernas muy abiertas, rígidas.
El animal se marcha y Jos regresa. Como si acabará de aparecer en la habitación, mira a su alrededor. La cama, el suelo y la pared están llenas del líquido verde que rezuma de China. Él también esta pringado.
—¿Qué he hecho? —Jos se agarra la cabeza y se arrodilla.
Se incorpora. Recoge los restos de sus ropas. No puede apartar la mirada de China. Lo que queda de su juguete roto. “Eso es. El juguete se ha roto. Es una máquina”, se dice mientras sale corriendo de la habitación.

Su megacamión le espera. Arranca y entra en el túnel de la autopista. Jos sigue llorando.
—¡Ella es una máquina! —grita mientras gira el volante violentamente hasta golpear contra la pared.


El dueño del club entra en la habitación de China. Sonríe.
—Ese hijo de puta se lo ha pasado en grande —dice, mientras se agacha para valorar los daños del hubot. Saca su móvil del bolsillo y lo dirige a su boca
—¡Recuperación de hubots! —dice.
Unos segundos más tarde, el contacto se produce.
—Enviamos una unidad de recogida.


Alex sabe que hoy irá a dormir tarde. En la camilla del laboratorio, el servicio de recogida ha depositado un hubot para una reparación. Alex aparta ligeramente la sábana y ya no importa el cansancio que arrastra. Vuelve a tener en sus manos a China, la hubot sexual más impresionante jamás fabricada.

Retira completamente la sábana y observa los destrozos de China.
—Pobrecita —dice mientras pulsa en la pantalla de la camilla para escuchar el informe. Aunque no sea necesario.
“Hubot procedente del Club XXX. Precisa cambio de la dermis en su totalidad. Reparaciones en el miembro inferior izquierdo. Reajuste de las articulaciones de la pierna izquierda. Probable cuello roto. Ligeras supuraciones en oídos, nariz, vagina y ano. Precisa complementación de fluidos. No se observa nada más en una primera exploración. Se adjunta back up para su reprogramación en caso de ser necesario”

Los ojos de Alex intentan retener las lágrimas. China está destrozada.
Se dirige a la pared que hay detrás de la camilla y abre dos de los enormes contenedores. Los empuja hasta la camilla. Junto a ésta deposita el maletín de herramientas. Conecta a China con su computadora para monitorizarla.

Alex retira la dermis de las piernas con extremo cuidado hasta que afloran las averías. Afortunadamente la pierna derecha supera los test de movimiento, pero la izquierda no. Separa la pierna y retira la cadera. Del contenedor extrae una articulación y sustituye la dañada. Desde el otro contenedor coge una bolsa con solución acuosa de protección temporal para reforzar la unión. Alex vuelve a unir las partes y realiza el test de movimiento con éxito.
Estira y repone la dermis hasta cubrir todos los desperfectos. Vuelve a introducir la mano en el contenedor para extraer otra bolsa con un líquido transparente. En la etiqueta pone: “Complemento dermis experimental. Grafeno”. Perfora la bolsa y aplica esa especie de silicona en los dos miembros inferiores, desde la cadera hasta los dedos de los pies. Con una segunda bolsa completa la aplicación en el resto del cuerpo.
Ayudado por la grúa que hay encima de la camilla, voltea el cuerpo de China y acaba la aplicación de la dermis experimental.
—Ahora serás más fuerte —dice con rabia.
Con el escalpelo secciona, ligeramente, la nuca de China y extrae el conjunto de discos que forman el cuello. Algunos están rotos y otros desplazados. Cambia el conjunto completo soldándolo a la columna.
 
Varias horas más tarde, Alex admira el cuerpo reparado de China. El chico ha consolidado una admiración por la chica, un cariño… ¿amor?
Solo queda la reprogramación. Desestima el back up. Esta vez utilizará una aplicación desarrollada por él (un prototipo para el ejército). Pulsa la tecla y la transferencia se inicia.

China despierta. Alex la mira con dulzura. Ella se levanta, sonríe. Se dirige hacia su salvador y le coge su cabeza. Con cariño acerca su cara a la de Alex y sus labios se unen. La hubot se separa de Alex y sonríe. Las manos de China siguen en la cabeza de Alex, presionan ligeramente, como si masajearan las sienes de su amor.
Sus manos aprietan hasta que la cabeza explota como la cascara de un huevo.

China sonríe.