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domingo, 17 de diciembre de 2017

MARS LEISURE CITY





Primera parte. El viaje


—José Flores Pereira, puede embarcar.
La voz de la IA me autoriza a pasar a la lanzadera y acceder cubículo asignado.

Acoplo el casco y lo conecto al traje. Se activan; el control de temperatura y el suministro de oxígeno y líquidos.
Comienza la despresurización del habitáculo.
Se abre la compuerta de acceso a la lanzadera.
Mis ojos se mueven a toda velocidad, no quieren perderse ningún detalle de mi primer viaje a Marte.
Ante mí, un asiento con arneses. Me siento en él y los anclajes se iluminan con colores, solo hay que unirlos a las cintas y se auto ajustan. Una vez asegurado, la esclusa se cierra y el túnel se ilumina. Delante, diez cubículos como el mío, todos ocupados, detrás no tengo visión, pero hay más. El pasaje está completo, cincuenta pasajeros en total.
En menos de un minuto, la lanzadera se detiene ante una burbuja transparente que se abre y un brazo articulado atrapa mí cubículo para alojarlo en su interior.

—Partida en 3… 2… 1… 0.

El despegue desde la estación espacial Alpha en órbita lunar es suave, gradual y silencioso, nada que ver con los que se realizan desde la Tierra, mi estómago lo agradece.

Me dirijo a Marte, donde me detendré por espacio de diez soles. Mi misión localizar los lugares idóneos para edificar una bóveda vacacional para los adinerados ciudadanos terrestres y conseguir los permisos pertinentes de las autoridades locales, para ser refrendados en la Tierra más tarde.
Una estupenda aventura para un geotécnico como yo.
Me encanta mi trabajo. La auto ironía no es mi fuerte.

Se encienden los pilotos que me permiten liberarme del arnés de sujeción para el despegue y mantengo el resto para evitar que la ausencia de gravedad me levante de mi asiento.

Recibo una inyección en mi brazo izquierdo y el líquido adormecedor penetra en mi corriente sanguínea. En unas horas dormiré durante gran parte del viaje.
Reviso las conexiones del suministro de líquidos. Todo correcto.

Me conecto a la red, desde mi visor, para visualizar el resumen sobre el que he de trabajar, “Investigación geotécnica en los proyectos de edificaciones”:

“Red conectada”.
“Archivo. Viaje a Marte, preguntas frecuentes”
Descarto el archivo cerrando los dos ojos. Lo he leído cinco veces en la sala de espera al embarque.
Aparece mi escritorio.
Mis ojos se mueven hasta la carpeta adecuada. La carpeta se abre después de un parpadeo. Fijo la vista en el archivo que necesito y vuelvo a parpadear.

Se despliega el menú solicitado.

1. Introducción: Link a información completa
Proyecto Mars Leisure City. Creación de una ciudad abovedada en la superficie marciana, solicitada por, ISB corp., Interplanetary Structures and Buildings.

2. Descripción del Proyecto: Link a información completa
Ciudad para el uso vacacional y turístico de lujo.
Tipo de edificación con blindaje anti radiación de escudo electrostático desplegable.
-          Exterior de doble capa de grafeno y regolito marciano.
-          Interior de acero en zonas comunes. Resto, materiales que se adecuen al escenario que se quiera imitar. 
-          La altura de la edificación según máxima legal. Máxima profundidad técnicamente posible. La extensión en plantas, la descripción de características arquitectónicas y estructurales vendrá determinada por el Informe Geotécnico final.

3. Metodología: Link a información completa
Investigación de campo, laboratorio, fuentes de información, procesamiento de datos y métodos de análisis.

4. Ensayos de Campo: Link a información completa
Procedimientos para realizar la investigación de campo, equipos utilizados, normativa local, número de sondeos a efectuar, profundidad de los mismos y cantidad de muestras obtenidas para el cumplimiento de los objetivos de la investigación geotécnica.

5. Ensayos de Laboratorio: Link a información completa
Las muestras obtenidas serán procesadas en el Laboratorio Central, con la finalidad de obtener parámetros que serán utilizados por el ingeniero geotécnico para analizar el comportamiento del terreno y plantear soluciones al sistema «suelo-fundación».

Voy directamente al punto tres. Vuelvo a parpadear y el link se abre.

Demasiado aburrido. Me duermo.


En el visor aparecen mis constantes, todo correcto salvo el hambre que mi estómago se encarga de reclamar. ¡Vaya! El visor me informa de que han transcurrido treinta y ocho días de viaje. Me recomienda que coma y vuelva a inyectarme Dormidina.

Me administro los complejos alimenticios. Espero que en pocos minutos desaparezca la molestia estomacal o tendré que inyectarme más porquerías.

Como me gustaría poder comunicarme con la Tierra y conversar con alguien. Por lo menos, podrían inventar las cabinas dobles. En realidad, hace tiempo leí que técnicamente es posible, pero los psicólogos recomiendan cabinas individuales para evitar discrepancias irresolubles en espacios tan pequeños y viajes tan largos.
El entretenimiento en este viaje es prácticamente nulo, la compañía no los introduce como opción ya que la mayor parte del pasaje va dormida.

Me inyecto la Dormidina en una cantidad más alta que la anterior para que el resto del viaje sea en animación suspendida.
Dispongo de unas horas hasta que me haga efecto.
Desconecto el visor de la red y rebusco en la mochila. Al hacerlo mi mano tropieza con el libro, un libro de verdad, Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, rescatado en mi última visita a mi bisabuelo en la Tierra.

Mi bisabuelo me había advertido de que la descripción de Marte era extraña e irreal (¡está publicado en 1950!), que había sido escrita con conocimientos científicos nulos y que lo interesante era el mensaje que Bradbury transmitía en cada relato.
A pesar del tratamiento antifungicida y del reforzamiento del papel, el tiempo no perdona y algunas hojas están como roídas por un animalillo hambriento.

Nunca había leído un libro de forma directa. Mis ojos se entretienen repasando las líneas de las letras; rectas, curvas. Algunas palabras han desaparecido ligeramente pasando de negro a gris muy suave y se han de adivinar. El contacto con las hojas debe ser aterciopelado, oloroso, un olor que no puedo apreciar por culpa del traje espacial. Me va a costar adaptarme. Mis dedos vuelven a leer esas palabras, ellos me ayudan deteniéndose el tiempo preciso, deslizándose entre palabra y palabra.

“El verano del cohete”, luego “Ylla”, “Noche de verano” … parte de un precioso poema, que leo tres veces para memorizarlo. Es precioso

        Avanza envuelta en belleza como la noche
        de regiones sin nubes y cielos estrellados;
        y todo lo mejor de lo oscuro y lo brillante
        se une en su rostro y sus ojos...

Bradbury maneja el lenguaje de forma magistral estimulando las redes neuronales adecuadas. Los bisabuelos siempre tienen razón.

Sigo con “Los hombres de la Tierra” y “La tercera expedición”
Vuelvo a leer esta historia, es alarmante e inquietante. Dejo de mirar el libro y repaso la historia en mi cerebro

“Llega la tercera expedición de hombres a Marte, comandada por John Black, de ochenta años. Los marcianos ya están preparados para recibir a los terrestres y los esperan en un típico pueblo norteamericano habitado por sus seres queridos (padres, abuelos, hermanos) muertos. Los astronautas aceptan esta maravilla y se separan para visitar a sus familiares. Sin embargo, el capitán se da cuenta de que los marcianos han usado sus memorias y deseos para reconstruir su infancia y que en realidad los que están con ellos no son sus seres amados sino marcianos con su apariencia. Finalmente, todos los hombres de la expedición son asesinados por la noche. A la mañana siguiente dieciséis ataúdes son enterrados entre los llantos de las personas del pueblo”.

Cierro el libro y reflexiono. ¿Y si la vida es una ilusión?, ¿y si alguien se diera cuenta?,

En ese momento desaparece el libro de mis manos, desaparece el asiento, la nave, las estrellas, el espacio… todo tiende al negro, al vacío, a la caída sin fin, o al ascenso…
La gravedad me estira, me comprime, me expande… mi cuerpo desaparece, o desaparecen mis ojos, mis oídos…

—Iniciando maniobras de aproximación.


Segunda parte. Recibimiento

—¿Señor Pereira?
Una mujer, muy delgada y alta, se dirige hacia mí con una sonrisa, una ligera inclinación y con la mano extendida como si fuera a recibir algo en ella.
—Si, soy yo.
Cortésmente estrecho su mano y respondo a su inclinación y a su sonrisa.
Busco en los paneles la indicación de la rampa de salida de equipajes. La chica de la sonrisa sigue muy atenta.
—No se preocupe por su equipaje, señor Pereira, en estos momentos debe estar saliendo para su hotel, ¿me permite su mochila?
—No se moleste señorita…
—¡Oh! Disculpe por mi desconsideración, me llamo Antía, Antía Gonsalves.
Sigo algo desorientado.
—Disculpe Antía, ¿la envían del hotel a recogerme?
—No exactamente. Camino del hotel se lo explico.

Después de un breve recorrido por un pasadizo nos introducimos en un ascensor.
—Vamos a utilizar un servicio privado de suburbano. El ambiente está un poco crispado.
La sonrisa desaparece de la cara de Antía mientras pulsa una combinación en el panel.
—¿Qué es lo que ocurre Antía?
Suspira.
—Hace un tiempo aparecieron algunos corpúsculos independentistas, gente descontenta de cómo se gobernaba desde la Tierra…
Interrumpo su explicación.
—Pero esa gente fue detenida y deportada a la Luna.
—Si José, pero la semilla quedó y los pequeños corpúsculos se convirtieron en células de cuatro o cinco personas, interconectadas mediante una red superpuesta a la nuestra, algo parecido a la red Tor a principios del siglo XXI en la Tierra.

El ascensor se detiene y con él la conversación. Antía sale primero del ascensor y mira a derecha e izquierda. Observo que su mano izquierda está en su cintura presionando un pequeño bulto.
Me hace una indicación para que salga del ascensor hacia una especie de bala gigante.
Al aproximarnos, los laterales de la superbala se desplazan hacia atrás para que podamos entrar.
Me acomodado y el asiento se adapta a mi cuerpo envolviéndome y desplegando unos enormes cinturones, de lado a lado, a la altura de hombros, pecho y cadera. Antía hace lo propio mientras manipula una pantalla que parece una red de suburbano. El vehículo se desplaza por un túnel, sin ruido alguno. Es el momento de reanudar la conversación.

—Antía, ¿quién es usted?
Me mira y su sonrisa vuelve a aparecer.
—Soy su protección mientras dure su estancia en Marte.
Ahora si que estoy confundido.
—Ya me quedo más tranquilo.
No puedo evitarlo, aunque sé que la ironía no es lo mío.


Tercera parte. Exploración

Antía está en la recepción del hotel, sentada en el diván más próximo al ascensor, y se levanta tan pronto me ve.
—Buenos días José.
—Vaya, no esperaba volver a verla tan pronto.
—¿Ha descansado bien?
—Si gracias. La música ambiente del hotel es muy relajante. Sonidos de lluvia, cantos de pájaros y el mar son tranquilizadores.
—Perfecto José. —Mientras habla se dirige a la puerta. —Vamos a inspeccionar uno de sus destinos.

La sigo un par de pasos por detrás. Se desplaza rápido. La puerta del hotel se abre ante nuestra proximidad y, antes de salir, mira a derecha, izquierda, al frente, al suelo y hacía arriba. Con un gesto de su mano me pide que la siga. Su vehículo levita a unos centímetros del suelo a pocos metros. Las puertas se abren en forma de ala y nos metemos en su interior. Las sujeciones actúan al contacto de nuestros cuerpos con los asientos. Sigo en silencio intentando comprender la situación.
Antía despliega un mapa holográfico en el frontal del parabrisas y señala un punto en él y me mira. Asiento.
El vehículo se mueve. Antía me mira en silencio.

—Antía, ¿cómo sabe cuáles son mis destinos?, ¿está contratada por mi empresa?
Sonríe.
—José, además de ser su protección pertenezco a la policía de Marte.
Vaya, esto no me lo esperaba.

Me conecto a la red con mi visor para ver las características geotécnicas del cráter que vamos a visitar. En realidad, me lo sé de memoria, pero así puedo intentar asimilar lo que está ocurriendo.


El vehículo frena su marcha como si hubiera chocado con una pared invisible y la parte trasera se levanta con violencia en medio de un estallido luminoso y poco sonoro. Volcamos y volteamos varias veces. Envueltos en polvo nos detenemos contra unas rocas.
Antía reacciona.
—José, ¿Estás bien?
—Aturdido, pero bien.
Las sujeciones de seguridad han hecho su trabajo a la perfección.
Las puertas se abren y manos veloces nos liberan de los asientos y nos sacan del vehículo. Tres individuos, completamente vestidos de rojo terroso sujetan a Antía y dos más a mí. Nos inyectan algo en el cuello y nos llevan a una especie de furgón del que ya no soy capaz ni de ver el color, solo palabras inconexas y lejanas se oyen en mi cabeza.

  
Cuarta parte. Secuestro.


Parpadeo. Parece que estoy borracho. Abro los ojos y sigo inmóvil.
El furgón o lo que sea está parado. Tengo la boca tapada con una especie de cinta que se ha adherido a mi boca como una segunda piel. Las muñecas están juntas, una contra otra, unidas por otra cinta. No hay ruido en el interior del vehículo. Con mucho esfuerzo logró girar sobre mí y verifico mi soledad. Tenía la esperanza de que Antía estuviera a mi espalda todavía inconsciente.

Se oye ruido en el exterior y las puertas del furgón se abren.
—Don José, bienvenido a nuestra morada —dice una voz.
La ligera luz exterior me obliga a entrecerrar los ojos e intento hablar.
—¿Có-mo...?
—Disculpe la brusquedad de nuestra invitación, pero necesitábamos que viniera a nuestra casa y no podíamos permitirnos retrasos. —Risas retumban en la caja del furgón. —Sacadlo y dadle de comer y beber, luego llevadlo a mi despacho.
Su voz es profunda, rotunda, esa voz del que sabe mandar.


—De todo corazón le pido disculpas por las formas.
Modula la voz. Sin perder su tono de superioridad, sus palabras suenan bien.
Su despacho es un revival de un despacho de principios del siglo XX en la Tierra. Mesas y sillas de madera de nogal, algunas plumas, un abrecartas y varios utensilios de despacho más. Todo ello rodeado de estanterías repletas de libros.
—Vuelvo a pedirle disculpas por mi escasa hospitalidad, soy Joao D’Almeida y soy el líder de la rebelión que, —mira el reloj de su mesa—, se ha producido hace unos minutos. El gobierno de Marte ha caído y sus integrantes están presos por mis tropas.
Me sorprendo con mi reacción.
—¿Dónde está Antía?
Joao sonríe.
—No se preocupe, las personas que pertenecen a la seguridad del estado deben tratarse de otra forma, con más vigilancia y menos libertad de la que tiene usted.
Me paso las manos por mi cara, me froto los ojos y caigo en que no estoy atado.
—Señor D’Almeida, ¿y qué pinto yo en todo esto?
Me mira, se levanta de la silla ayudándose de sus brazos contra la mesa. Es muy mayor, ahora lo aprecio mejor. Se desplaza hacia a mí con una ligera cojera. Tiene la piel muy arrugada. Pelo canoso y muy corto; diríase que es militar. Muy delgado, parece que va a quebrarse como una rama seca. Se detiene muy cerca de mí, sonríe y habla.
—José, usted se dirigía a un lugar, donde está ahora, nuestro Cuartel General.
Durante unos segundos se calla y sus ojos se clavan en los míos como si quisiera penetrar en mi cabeza a través de ellos. Vuelve a hablar.

—Necesitamos de sus servicios profesionales, ahora trabajará para mí.



—CONTINUARÁ—

sábado, 27 de mayo de 2017

UNO





Sugiero la lectura del relato escuchando: CUTS - Bunsen Burner (Ex Machina)


Orden mental. 
—Iniciando maniobra de aproximación.

La velocidad de la nave disminuye hasta ajustarse a la de rotación del satélite.

Orden mental.
—Descenso. Nivel superficie +3.

El sobrevuelo por Encélado es un contraste visual único en el sistema solar. 
Regiones lisas y pulidas, ausentes de cráteres y zonas acribilladas de impactos con boquetes deformes dejan paso a valles lineales y cinturones de surcos curvilíneos. 
Mis ojos no prestan atención a las pantallas. Intento no perderme detalle mientras siento el frío extremo observando el blanco helado que lo envuelve todo.

El paisaje se transforma a medida que me acerco a mi destino, el polo sur. 
Predominan las llanuras planas, quebradas por las fracturas y crestas de hielo que se abren y cierran, rematadas por pinceladas de azul cobalto como las que hubiera coloreado un Monet del siglo XXII.
Maravillas en un satélite de quinientos metros de diámetro en el tenue anillo E de Saturno.

En el horizonte asoman las “rayas de tigre”, las rejillas de ventilación por las que escapan los vapores y finas partículas de hielo, que son expulsadas con furia desde las entrañas de “la bola de nieve”.
Zonas equivalentes a las cordilleras centrales de los océanos terrestres, donde el material emerge; crea una nueva corteza y el expulsado por los géiseres acaba por volver a caer y taponar la fuente en un ciclo que dura milenios.

Surge una fractura unos metros más adelante, por donde aflora nuevo material. 
He llegado a la puerta de acceso del averno de Encélado.

Orden mental.
—Armar y ensamblar exoesqueleto.

Unas placas se despliegan por detrás de mi cuerpo, desde el cuello hasta la cintura, de ellas surgen unos cables trenzados que se adhieren, en paralelo, a mis omóplatos, brazos y piernas. Dos de los cables forman unos aros que se ajustan alrededor de mi cuello y cintura. Dos más pequeños lo hacen en mis tobillos.  La bolsa amniótica me envuelve, vitrificándose, endureciéndose exteriormente, a la vez que el líquido transparente y protector mana hasta cubrirme como una pompa con imposible relleno.
Accedo al minisubmarino por la rampa de conexión.

Orden mental.
—Acoplado. 3… 2… 1…, lanzamiento.

El minisub desciende a la superficie. Se produce un ligero frenado intermitente. La velocidad disminuye hasta detenerse en la vertical de la fractura.

Orden mental.
—Inmersión.  

Los propulsores vencen la fuerza de expulsión del material planetario sin incidencias.

Primera capa superada, a partir de aquí la realidad desconocida.
Con una rápida mirada controlo el funcionamiento del equipo de recogida y análisis de material. Los datos se están transfiriendo a la nave sin complicaciones.

La navegación se hace más cómoda. No es necesario ver los registros, la densidad del líquido interior del satélite es menor. La temperatura aumenta.
Por debajo del minisub, aparece una tenue luminiscencia en movimiento. En pocos segundos, me encuentro rodeado de partículas que recuerdan a las medusas terrestres. Aumentan en número. Bailan acompasadas en giros perfectos a mucha velocidad alrededor de la nave, como un solo ser. Parecen haber descubierto mi presencia. La danza se detiene, me siento observado durante los instantes en que tarda en reanudarse el baile hacia el minisubmarino. Lo envuelven. 

Un zumbido penetra en mi cabeza mientras las medusas atraviesan las gruesas paredes, igual que los fantasmas con los muros de un castillo. Se adhieren a la bolsa amniótica que traspasan sin romperla. Recubren mi cuerpo. El zumbido aumenta y unas ligeras descargas eléctricas punzan mi nuca. 

No soy capaz de articular órdenes mentales, pero estoy sereno. 

Las medusas se fusionan convirtiéndose en un manto translúcido que se adapta a mi contorno, desde la cabeza hasta los pies. Una ligera presión y un ligero calor llena mis sentidos. Noto como mis recuerdos, mis conocimientos son absorbidos e imágenes y conocimientos ajenos me invaden. 

Ya somos uno.







sábado, 22 de noviembre de 2014

MUTACIÓN



Los ojos de Eve se abren mientras el líquido amniótico de los cubículos desaparece absorbido por los tubos de succión. Un violento espasmo obliga a su compañero Adam a incorporarse expulsando los restos de líquido acuoso a través de su nariz y boca. El despertar de Eve es más tranquilo, algo de tos y contenidas nauseas.
La nave se ha activado, han llegado a su destino.
Pasados unos minutos consiguen salir de su lecho y se abrazan.
—¿Puedes hablar, Eve?—La voz de Adam suena grave en un claro esfuerzo por recuperar la normalidad en el mínimo tiempo posible.
Eve mueve su boca sin conseguir emitir sonido alguno.
—No te preocupes, en unos minutos te recuperarás. Apóyate en mí. Vamos a desprendernos de los restos del amnios.
Durante diez minutos, la solución líquida micropulverizada elimina los restos acuosos de sus cuerpos.
Ligeramente aturdido, Adam se enfunda en su traje. Eve ha sido más hábil y lo ha hecho en menos tiempo, inmediatamente se dirige al cuadro de mandos e inicia la conexión al OC.
Una gran pantalla holográfica se despliega delante de ellos. Datos astronómicos sobre la ubicación de la nave aparecen en pantalla, Eve no está interesada en ellos.
Adam observa con atención, en silencio, la rapidez de movimientos de las manos de Eve, pasando pantallas y abriendo otras hasta encontrar lo que busca: El estatus de la carga.

CAMBIOS REALIZADOS SEGÚN PROGRAMA NIOBE
-       Se han realizado correctamente los siguientes cambios:
o    Reconstrucción celular profunda.
o    Inseminación de entidades virales y bacterianas.
o    Actualización sistemática.
o    Revisión de secuencias de ADN y modificaciones.
-       Programa finalizado hace 2.590 días, registro terrestre.

CONSTANTES VITALES DE LOS FETOS
-       25.185 embriones muestran constantes vitales correctas.
-       4.815 embriones se encuentran en estado fallido.
-       Eclosión prevista en 96 horas.

Sus miradas se encuentran. A Eve se le escapan algunas lágrimas. Adam reacciona.
—Tranquila, no son buenas noticias pero disponemos de los suficientes embriones para tener éxito en la misión—.Vuelven a abrazarse.

Ahora es Adam quien manipula la pantalla para buscar los datos astronómicos y conocer la posición en la que se encuentran con respecto al planeta.
El OC da la lectura: DISTANCIA A DESTINO: 0,3 UA.
El planeta Niobe, en la constelación Cisne, el quinto y último planeta de su sistema, recibirá a los fetos genéticamente modificados, sus primeros habitantes.

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El Sol agotaba su combustible en tránsito para convertirse en una Gigante Roja.
La Humanidad había preparado enormes naves que partirían de La Tierra, Marte, Encelado y Europa hacia destinos prefijados con el objetivo de terraformar planetas, una ardua y larga tarea que la Humanidad estaba obligada a realizar si no quería desaparecer.

Previamente se había experimentado con mutaciones genéticas en humanos como solución para colonizar planetas de los que se disponían datos suficientes para tener éxito. Una solución muchísimo más rápida, en el tiempo, que la terraformación; pero la probabilidad de supervivencia, después del tratamiento de modificación genética, era inferior al 0,7%. Sin embargo, en embriones era superior al 87%.
El tratamiento en embriones tendría éxito siempre y cuando el proceso fuera lento y carente de la agresividad que debería desarrollarse en humanos adultos.

Se desarrolló una segunda opción: Una nave gobernada por dos tripulantes modificados. Toda la historia de la Humanidad y embriones mutados genéticamente.
Un reducido equipo de científicos, apoyados por el Centro de Mando, decidió buscar a sujetos que tuvieran la máxima compatibilidad posible al tratamiento y preparar a treinta mil embriones que sufrirían los cambios en el largo viaje estelar convirtiéndolos en fetos adaptados a un planeta de la constelación Cisne, Niobe

Adam y Eve, no fueron consultados. La misión les fue asignada y la tuvieron que aceptar sin objeción alguna. Desde el primer momento supieron que su destino sería el lugar donde pasarían el resto de sus días, esa fue toda la información que recibieron. Fueron aislados en cabinas especiales. Sufrieron tratamientos de reconstrucción celular profunda. Una mezcla de entidades virales y bacterianas creadas mediante ingeniería genética fue introducida en sus cuerpos. Virus de diseño provocaron una actualización sistemática completa, parcheando o revisando secuencias de ADN, mientras cultivos bacterianos eliminaron metales tóxicos y repararon los daños físicos obvios. Sus sistemas inmunológicos se resistieron. El tratamiento fue equivalente a una enfermedad debilitante de veinte meses de duración; fiebres, dolores musculares y articulares, debilidad. Durante ese tiempo el peligro de los efectos secundarios negativos estuvo cerca, los fallos multifuncionales de sus organismos pudieron ser reducidos y eliminados, en gran parte gracias a su particular resistencia física y genética.
La selección de los individuos había sido correcta. Ellos nunca sabrían de los miles de fracasos anteriores.
En la segunda fase del tratamiento, ciertos órganos entraron en violencia reproductiva. Las células de la piel morían y fueron reemplazadas en inhumana sucesión endureciendo el exterior; el tejido nervioso se regeneraba espontánea y adaptativamente. El proceso fue extremadamente debilitador, pero lo superaron y mutaron según lo previsto.  
Ellos tendrían el honor, sin saberlo, de realizar el más importante experimento jamás soñado: El origen de una raza extraterrestre.

———————————————————————————————————

El OC ha elegido los puntos del planeta más adecuados para el aterrizaje. Pronto se ponen de acuerdo y escogen el más cercano al ecuador.
Adam y Eve introducen los datos definitivos y el OC comienza la maniobra de entrada en la densa atmósfera de Niobe. Actúan mecánicamente en un protocolo muchas veces entrenado. No es necesaria la comunicación verbal.
Una vez realizada la programación e iniciada la automatización de la maniobra, el disco central de la nave se separa dejándolos como únicos espectadores privilegiados en órbita del planeta.
El acercamiento del resto de la nave al planeta se produce. Todas las lecturas son correctas excepto unos sensores ubicados en la parte inferior del módulo donde se encuentran los fetos que parecen dañados y no aportan datos.
Adam se adelanta a Eve.
—Disponemos de suficientes lecturas, el resto de los sensores señala que la temperatura está dentro de los márgenes. No…
Eve le interrumpe a gritos al ver que la temperatura sube exponencialmente.
—¡Debemos abortar, Adam! ¡Hazlo!—Eve se levanta con la intención de arrebatar el control a Adam.
Adam la detiene con todo el cariño posible, le coge la cara y consigue que le mire.
—No hay nada que hacer—.Con lágrimas en los ojos, mueve la cabeza en sentido negativo.
Abrazados contemplan el espectáculo de colores que se produce por la fricción de la nave y la atmósfera del planeta. Las luces se intensifican y alargan en tres estelas diferentes.

Se abrazan en silencio. Durante un tiempo indeterminado sollozan y se acarician.

Eve se separa de Adam y lo mira a los ojos. Lo que ve en él arrasa con la tristeza y abre en su alma un nuevo camino. Él es Adam, ella es Eve; están juntos y sonríen.