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sábado, 7 de abril de 2018
domingo, 17 de diciembre de 2017
MARS LEISURE CITY
Primera parte. El viaje
—José Flores
Pereira, puede embarcar.
La voz de la
IA me autoriza a pasar a la lanzadera y acceder cubículo asignado.
Acoplo el
casco y lo conecto al traje. Se activan; el control de temperatura y el
suministro de oxígeno y líquidos.
Comienza la
despresurización del habitáculo.
Se abre la
compuerta de acceso a la lanzadera.
Mis ojos se
mueven a toda velocidad, no quieren perderse ningún detalle de mi primer viaje
a Marte.
Ante mí, un
asiento con arneses. Me siento en él y los anclajes se iluminan con colores,
solo hay que unirlos a las cintas y se auto ajustan. Una vez asegurado, la
esclusa se cierra y el túnel se ilumina. Delante, diez cubículos como el mío,
todos ocupados, detrás no tengo visión, pero hay más. El pasaje está completo,
cincuenta pasajeros en total.
En menos de un
minuto, la lanzadera se detiene ante una burbuja transparente que se abre y un
brazo articulado atrapa mí cubículo para alojarlo en su interior.
—Partida en 3…
2… 1… 0.
El despegue
desde la estación espacial Alpha en órbita lunar es suave, gradual y silencioso,
nada que ver con los que se realizan desde la Tierra, mi estómago lo agradece.
Me dirijo a
Marte, donde me detendré por espacio de diez soles. Mi misión localizar los
lugares idóneos para edificar una bóveda vacacional para los adinerados
ciudadanos terrestres y conseguir los permisos pertinentes de las autoridades
locales, para ser refrendados en la Tierra más tarde.
Una estupenda
aventura para un geotécnico como yo.
Me encanta mi
trabajo. La auto ironía no es mi fuerte.
Se encienden
los pilotos que me permiten liberarme del arnés de sujeción para el despegue y
mantengo el resto para evitar que la ausencia de gravedad me levante de mi
asiento.
Recibo una
inyección en mi brazo izquierdo y el líquido adormecedor penetra en mi
corriente sanguínea. En unas horas dormiré durante gran parte del viaje.
Reviso las
conexiones del suministro de líquidos. Todo correcto.
Me conecto a
la red, desde mi visor, para visualizar el resumen sobre el que he de trabajar,
“Investigación geotécnica en los proyectos de edificaciones”:
“Red conectada”.
“Archivo. Viaje a Marte, preguntas frecuentes”
Descarto el
archivo cerrando los dos ojos. Lo he leído cinco veces en la sala de espera al
embarque.
Aparece mi escritorio.
Mis ojos se
mueven hasta la carpeta adecuada. La carpeta se abre después de un parpadeo. Fijo
la vista en el archivo que necesito y vuelvo a parpadear.
Se despliega
el menú solicitado.
1. Introducción: Link a información completa
Proyecto Mars
Leisure City. Creación de una ciudad abovedada en la superficie marciana,
solicitada por, ISB corp., Interplanetary Structures and Buildings.
2. Descripción del Proyecto: Link a información completa
Ciudad para el uso vacacional y turístico de lujo.
Tipo de edificación con blindaje anti radiación de
escudo electrostático desplegable.
-
Exterior
de doble capa de grafeno y regolito marciano.
-
Interior
de acero en zonas comunes. Resto, materiales que se adecuen al escenario que se
quiera imitar.
-
La altura
de la edificación según máxima legal. Máxima profundidad técnicamente posible.
La extensión en plantas, la descripción de características arquitectónicas y
estructurales vendrá determinada por el Informe Geotécnico final.
3. Metodología: Link a información completa
Investigación de campo, laboratorio, fuentes de
información, procesamiento de datos y métodos de análisis.
4. Ensayos de Campo: Link a información completa
Procedimientos para realizar la investigación de campo,
equipos utilizados, normativa local, número de sondeos a efectuar, profundidad
de los mismos y cantidad de muestras obtenidas para el cumplimiento de los
objetivos de la investigación geotécnica.
5. Ensayos de Laboratorio: Link a información completa
Las muestras obtenidas serán procesadas en el Laboratorio
Central, con la finalidad de obtener parámetros que serán utilizados por el
ingeniero geotécnico para analizar el comportamiento del terreno y plantear
soluciones al sistema «suelo-fundación».
Voy
directamente al punto tres. Vuelvo a parpadear y el link se abre.
Demasiado
aburrido. Me duermo.
En el visor
aparecen mis constantes, todo correcto salvo el hambre que mi estómago se
encarga de reclamar. ¡Vaya! El visor me informa de que han transcurrido treinta
y ocho días de viaje. Me recomienda que coma y vuelva a inyectarme Dormidina.
Me administro
los complejos alimenticios. Espero que en pocos minutos desaparezca la molestia
estomacal o tendré que inyectarme más porquerías.
Como me
gustaría poder comunicarme con la Tierra y conversar con alguien. Por lo menos,
podrían inventar las cabinas dobles. En realidad, hace tiempo leí que
técnicamente es posible, pero los psicólogos recomiendan cabinas individuales
para evitar discrepancias irresolubles en espacios tan pequeños y viajes tan
largos.
El
entretenimiento en este viaje es prácticamente nulo, la compañía no los
introduce como opción ya que la mayor parte del pasaje va dormida.
Me inyecto la
Dormidina en una cantidad más alta que la anterior para que el resto del viaje
sea en animación suspendida.
Dispongo de
unas horas hasta que me haga efecto.
Desconecto el
visor de la red y rebusco en la mochila. Al hacerlo mi mano tropieza con el
libro, un libro de verdad, Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, rescatado en mi
última visita a mi bisabuelo en la Tierra.
Mi bisabuelo
me había advertido de que la descripción de Marte era extraña e irreal (¡está
publicado en 1950!), que había sido escrita con conocimientos científicos nulos
y que lo interesante era el mensaje que Bradbury transmitía en cada relato.
A pesar del
tratamiento antifungicida y del reforzamiento del papel, el tiempo no perdona y
algunas hojas están como roídas por un animalillo hambriento.
Nunca había
leído un libro de forma directa. Mis ojos se entretienen repasando las líneas
de las letras; rectas, curvas. Algunas palabras han desaparecido ligeramente pasando
de negro a gris muy suave y se han de adivinar. El contacto con las hojas debe
ser aterciopelado, oloroso, un olor que no puedo apreciar por culpa del traje
espacial. Me va a costar adaptarme. Mis dedos vuelven a leer esas palabras,
ellos me ayudan deteniéndose el tiempo preciso, deslizándose entre palabra y
palabra.
“El verano del
cohete”, luego “Ylla”, “Noche de verano” … parte de un precioso poema, que leo
tres veces para memorizarlo. Es precioso
Avanza
envuelta en belleza como la noche
de
regiones sin nubes y cielos estrellados;
y todo
lo mejor de lo oscuro y lo brillante
se une
en su rostro y sus ojos...
Bradbury maneja
el lenguaje de forma magistral estimulando las redes neuronales adecuadas. Los
bisabuelos siempre tienen razón.
Sigo con “Los
hombres de la Tierra” y “La tercera
expedición”
Vuelvo a leer
esta historia, es alarmante e inquietante. Dejo de mirar el libro y repaso la
historia en mi cerebro
“Llega la tercera
expedición de hombres a Marte, comandada por John Black, de ochenta años. Los
marcianos ya están preparados para recibir a los terrestres y los esperan en un
típico pueblo norteamericano habitado por sus seres queridos (padres, abuelos,
hermanos) muertos. Los astronautas aceptan esta maravilla y se separan para
visitar a sus familiares. Sin embargo, el capitán se da cuenta de que los
marcianos han usado sus memorias y deseos para reconstruir su infancia y que en
realidad los que están con ellos no son sus seres amados sino marcianos con su
apariencia. Finalmente, todos los hombres de la expedición son asesinados por
la noche. A la mañana siguiente dieciséis ataúdes son enterrados entre los
llantos de las personas del pueblo”.
Cierro el
libro y reflexiono. ¿Y si la vida es una ilusión?, ¿y si alguien se diera
cuenta?,
En ese momento
desaparece el libro de mis manos, desaparece el asiento, la nave, las
estrellas, el espacio… todo tiende al negro, al vacío, a la caída sin fin, o al
ascenso…
La gravedad me
estira, me comprime, me expande… mi cuerpo desaparece, o desaparecen mis ojos,
mis oídos…
—Iniciando
maniobras de aproximación.
Segunda
parte. Recibimiento
—¿Señor
Pereira?
Una mujer, muy
delgada y alta, se dirige hacia mí con una sonrisa, una ligera inclinación y
con la mano extendida como si fuera a recibir algo en ella.
—Si, soy yo.
Cortésmente
estrecho su mano y respondo a su inclinación y a su sonrisa.
Busco en los
paneles la indicación de la rampa de salida de equipajes. La chica de la sonrisa
sigue muy atenta.
—No se
preocupe por su equipaje, señor Pereira, en estos momentos debe estar saliendo
para su hotel, ¿me permite su mochila?
—No se moleste
señorita…
—¡Oh! Disculpe
por mi desconsideración, me llamo Antía, Antía Gonsalves.
Sigo algo
desorientado.
—Disculpe
Antía, ¿la envían del hotel a recogerme?
—No
exactamente. Camino del hotel se lo explico.
Después de un
breve recorrido por un pasadizo nos introducimos en un ascensor.
—Vamos a
utilizar un servicio privado de suburbano. El ambiente está un poco crispado.
La sonrisa
desaparece de la cara de Antía mientras pulsa una combinación en el panel.
—¿Qué es lo
que ocurre Antía?
Suspira.
—Hace un
tiempo aparecieron algunos corpúsculos independentistas, gente descontenta de
cómo se gobernaba desde la Tierra…
Interrumpo su
explicación.
—Pero esa
gente fue detenida y deportada a la Luna.
—Si José, pero
la semilla quedó y los pequeños corpúsculos se convirtieron en células de
cuatro o cinco personas, interconectadas mediante una red superpuesta a la
nuestra, algo parecido a la red Tor a
principios del siglo XXI en la Tierra.
El ascensor se
detiene y con él la conversación. Antía sale primero del ascensor y mira a
derecha e izquierda. Observo que su mano izquierda está en su cintura
presionando un pequeño bulto.
Me hace una
indicación para que salga del ascensor hacia una especie de bala gigante.
Al
aproximarnos, los laterales de la superbala se desplazan hacia atrás para que
podamos entrar.
Me acomodado y
el asiento se adapta a mi cuerpo envolviéndome y desplegando unos enormes
cinturones, de lado a lado, a la altura de hombros, pecho y cadera. Antía hace
lo propio mientras manipula una pantalla que parece una red de suburbano. El
vehículo se desplaza por un túnel, sin ruido alguno. Es el momento de reanudar
la conversación.
—Antía, ¿quién
es usted?
Me mira y su
sonrisa vuelve a aparecer.
—Soy su
protección mientras dure su estancia en Marte.
Ahora si que
estoy confundido.
—Ya me quedo
más tranquilo.
No puedo
evitarlo, aunque sé que la ironía no es lo mío.
Tercera
parte. Exploración
Antía está en
la recepción del hotel, sentada en el diván más próximo al ascensor, y se
levanta tan pronto me ve.
—Buenos días
José.
—Vaya, no
esperaba volver a verla tan pronto.
—¿Ha
descansado bien?
—Si gracias.
La música ambiente del hotel es muy relajante. Sonidos de lluvia, cantos de
pájaros y el mar son tranquilizadores.
—Perfecto
José. —Mientras habla se dirige a la puerta. —Vamos a inspeccionar uno de sus
destinos.
La sigo un par
de pasos por detrás. Se desplaza rápido. La puerta del hotel se abre ante
nuestra proximidad y, antes de salir, mira a derecha, izquierda, al frente, al
suelo y hacía arriba. Con un gesto de su mano me pide que la siga. Su vehículo
levita a unos centímetros del suelo a pocos metros. Las puertas se abren en
forma de ala y nos metemos en su interior. Las sujeciones actúan al contacto de
nuestros cuerpos con los asientos. Sigo en silencio intentando comprender la
situación.
Antía
despliega un mapa holográfico en el frontal del parabrisas y señala un punto en
él y me mira. Asiento.
El vehículo se
mueve. Antía me mira en silencio.
—Antía, ¿cómo
sabe cuáles son mis destinos?, ¿está contratada por mi empresa?
Sonríe.
—José, además
de ser su protección pertenezco a la policía de Marte.
Vaya, esto no
me lo esperaba.
Me conecto a
la red con mi visor para ver las características geotécnicas del cráter que
vamos a visitar. En realidad, me lo sé de memoria, pero así puedo intentar
asimilar lo que está ocurriendo.
El vehículo
frena su marcha como si hubiera chocado con una pared invisible y la parte trasera
se levanta con violencia en medio de un estallido luminoso y poco sonoro.
Volcamos y volteamos varias veces. Envueltos en polvo nos detenemos contra unas
rocas.
Antía
reacciona.
—José, ¿Estás
bien?
—Aturdido,
pero bien.
Las sujeciones
de seguridad han hecho su trabajo a la perfección.
Las puertas se
abren y manos veloces nos liberan de los asientos y nos sacan del vehículo.
Tres individuos, completamente vestidos de rojo terroso sujetan a Antía y dos
más a mí. Nos inyectan algo en el cuello y nos llevan a una especie de furgón
del que ya no soy capaz ni de ver el color, solo palabras inconexas y lejanas se
oyen en mi cabeza.
Cuarta parte. Secuestro.
Parpadeo.
Parece que estoy borracho. Abro los ojos y sigo inmóvil.
El furgón o lo
que sea está parado. Tengo la boca tapada con una especie de cinta que se ha
adherido a mi boca como una segunda piel. Las muñecas están juntas, una contra
otra, unidas por otra cinta. No hay ruido en el interior del vehículo. Con
mucho esfuerzo logró girar sobre mí y verifico mi soledad. Tenía la esperanza
de que Antía estuviera a mi espalda todavía inconsciente.
Se oye ruido
en el exterior y las puertas del furgón se abren.
—Don José,
bienvenido a nuestra morada —dice una voz.
La ligera luz
exterior me obliga a entrecerrar los ojos e intento hablar.
—¿Có-mo...?
—Disculpe la
brusquedad de nuestra invitación, pero necesitábamos que viniera a nuestra casa
y no podíamos permitirnos retrasos. —Risas retumban en la caja del furgón.
—Sacadlo y dadle de comer y beber, luego llevadlo a mi despacho.
Su voz es
profunda, rotunda, esa voz del que sabe mandar.
—De todo
corazón le pido disculpas por las formas.
Modula la voz.
Sin perder su tono de superioridad, sus palabras suenan bien.
Su despacho es
un revival de un despacho de principios del siglo XX en la Tierra. Mesas y
sillas de madera de nogal, algunas plumas, un abrecartas y varios utensilios de
despacho más. Todo ello rodeado de estanterías repletas de libros.
—Vuelvo a
pedirle disculpas por mi escasa hospitalidad, soy Joao D’Almeida y soy el líder
de la rebelión que, —mira el reloj de su mesa—, se ha producido hace unos
minutos. El gobierno de Marte ha caído y sus integrantes están presos por mis
tropas.
Me sorprendo
con mi reacción.
—¿Dónde está
Antía?
Joao sonríe.
—No se preocupe,
las personas que pertenecen a la seguridad del estado deben tratarse de otra
forma, con más vigilancia y menos libertad de la que tiene usted.
Me paso las
manos por mi cara, me froto los ojos y caigo en que no estoy atado.
—Señor
D’Almeida, ¿y qué pinto yo en todo esto?
Me mira, se
levanta de la silla ayudándose de sus brazos contra la mesa. Es muy mayor,
ahora lo aprecio mejor. Se desplaza hacia a mí con una ligera cojera. Tiene la
piel muy arrugada. Pelo canoso y muy corto; diríase que es militar. Muy delgado,
parece que va a quebrarse como una rama seca. Se detiene muy cerca de mí,
sonríe y habla.
—José, usted
se dirigía a un lugar, donde está ahora, nuestro Cuartel General.
Durante unos
segundos se calla y sus ojos se clavan en los míos como si quisiera penetrar en
mi cabeza a través de ellos. Vuelve a hablar.
—Necesitamos
de sus servicios profesionales, ahora trabajará para mí.
—CONTINUARÁ—
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viaje
sábado, 27 de mayo de 2017
UNO
Sugiero la lectura del relato escuchando: CUTS - Bunsen Burner (Ex Machina)
Orden mental.
—Iniciando maniobra de aproximación.
La velocidad de la nave disminuye hasta ajustarse a la de rotación del satélite.
Orden mental.
—Descenso. Nivel superficie +3.
El sobrevuelo por Encélado es un contraste visual único en el sistema solar.
Regiones lisas y pulidas, ausentes de cráteres y zonas acribilladas de impactos con boquetes deformes dejan paso a valles lineales y cinturones de surcos curvilíneos.
Mis ojos no prestan atención a las pantallas. Intento no perderme detalle mientras siento el frío extremo observando el blanco helado que lo envuelve todo.
El paisaje se transforma a medida que me acerco a mi destino, el polo sur.
Predominan las llanuras planas, quebradas por las fracturas y crestas de hielo que se abren y cierran, rematadas por pinceladas de azul cobalto como las que hubiera coloreado un Monet del siglo XXII.
Maravillas en un satélite de quinientos metros de diámetro en el tenue anillo E de Saturno.
En el horizonte asoman las “rayas de tigre”, las rejillas de ventilación por las que escapan los vapores y finas partículas de hielo, que son expulsadas con furia desde las entrañas de “la bola de nieve”.
Zonas equivalentes a las cordilleras centrales de los océanos terrestres, donde el material emerge; crea una nueva corteza y el expulsado por los géiseres acaba por volver a caer y taponar la fuente en un ciclo que dura milenios.
Surge una fractura unos metros más adelante, por donde aflora nuevo material.
He llegado a la puerta de acceso del averno de Encélado.
Orden mental.
—Armar y ensamblar exoesqueleto.
Unas placas se despliegan por detrás de mi cuerpo, desde el cuello hasta la cintura, de ellas surgen unos cables trenzados que se adhieren, en paralelo, a mis omóplatos, brazos y piernas. Dos de los cables forman unos aros que se ajustan alrededor de mi cuello y cintura. Dos más pequeños lo hacen en mis tobillos. La bolsa amniótica me envuelve, vitrificándose, endureciéndose exteriormente, a la vez que el líquido transparente y protector mana hasta cubrirme como una pompa con imposible relleno.
Accedo al minisubmarino por la rampa de conexión.
Orden mental.
—Acoplado. 3… 2… 1…, lanzamiento.
El minisub desciende a la superficie. Se produce un ligero frenado intermitente. La velocidad disminuye hasta detenerse en la vertical de la fractura.
Orden mental.
—Inmersión.
Los propulsores vencen la fuerza de expulsión del material planetario sin incidencias.
Primera capa superada, a partir de aquí la realidad desconocida.
Con una rápida mirada controlo el funcionamiento del equipo de recogida y análisis de material. Los datos se están transfiriendo a la nave sin complicaciones.
La navegación se hace más cómoda. No es necesario ver los registros, la densidad del líquido interior del satélite es menor. La temperatura aumenta.
Por debajo del minisub, aparece una tenue luminiscencia en movimiento. En pocos segundos, me encuentro rodeado de partículas que recuerdan a las medusas terrestres. Aumentan en número. Bailan acompasadas en giros perfectos a mucha velocidad alrededor de la nave, como un solo ser. Parecen haber descubierto mi presencia. La danza se detiene, me siento observado durante los instantes en que tarda en reanudarse el baile hacia el minisubmarino. Lo envuelven.
Un zumbido penetra en mi cabeza mientras las medusas atraviesan las gruesas paredes, igual que los fantasmas con los muros de un castillo. Se adhieren a la bolsa amniótica que traspasan sin romperla. Recubren mi cuerpo. El zumbido aumenta y unas ligeras descargas eléctricas punzan mi nuca.
No soy capaz de articular órdenes mentales, pero estoy sereno.
Las medusas se fusionan convirtiéndose en un manto translúcido que se adapta a mi contorno, desde la cabeza hasta los pies. Una ligera presión y un ligero calor llena mis sentidos. Noto como mis recuerdos, mis conocimientos son absorbidos e imágenes y conocimientos ajenos me invaden.
Ya somos uno.
sábado, 22 de noviembre de 2014
MUTACIÓN
Los ojos de Eve se abren mientras el
líquido amniótico de los cubículos desaparece absorbido por los tubos de
succión. Un violento espasmo obliga a su compañero Adam a incorporarse expulsando
los restos de líquido acuoso a través de su nariz y boca. El despertar de Eve
es más tranquilo, algo de tos y contenidas nauseas.
La nave se ha activado, han llegado a su
destino.
Pasados unos minutos consiguen salir de
su lecho y se abrazan.
—¿Puedes hablar, Eve?—La voz de Adam
suena grave en un claro esfuerzo por recuperar la normalidad en el mínimo
tiempo posible.
Eve mueve su boca sin conseguir emitir
sonido alguno.
—No te preocupes, en unos minutos te
recuperarás. Apóyate en mí. Vamos a desprendernos de los restos del amnios.
Durante diez minutos, la solución líquida
micropulverizada elimina los restos acuosos de sus cuerpos.
Ligeramente aturdido, Adam se enfunda en
su traje. Eve ha sido más hábil y lo ha hecho en menos tiempo, inmediatamente se
dirige al cuadro de mandos e inicia la conexión al OC.
Una gran pantalla holográfica se
despliega delante de ellos. Datos astronómicos sobre la ubicación de la nave aparecen
en pantalla, Eve no está interesada en ellos.
Adam observa con atención, en silencio,
la rapidez de movimientos de las manos de Eve, pasando pantallas y abriendo
otras hasta encontrar lo que busca: El estatus de la carga.
CAMBIOS
REALIZADOS SEGÚN PROGRAMA NIOBE
-
Se han realizado correctamente los siguientes
cambios:
o
Reconstrucción celular profunda.
o
Inseminación de entidades virales y bacterianas.
o
Actualización sistemática.
o
Revisión de secuencias de ADN y modificaciones.
-
Programa finalizado hace 2.590 días, registro
terrestre.
CONSTANTES
VITALES DE LOS FETOS
-
25.185 embriones muestran constantes vitales
correctas.
-
4.815 embriones se encuentran en estado fallido.
-
Eclosión prevista en 96 horas.
Sus miradas se encuentran. A Eve se le
escapan algunas lágrimas. Adam reacciona.
—Tranquila, no son buenas noticias pero
disponemos de los suficientes embriones para tener éxito en la misión—.Vuelven
a abrazarse.
Ahora es Adam quien manipula la pantalla
para buscar los datos astronómicos y conocer la posición en la que se
encuentran con respecto al planeta.
El OC da la lectura: DISTANCIA A
DESTINO: 0,3 UA.
El planeta Niobe, en la constelación
Cisne, el quinto y último planeta de su sistema, recibirá a los fetos
genéticamente modificados, sus primeros habitantes.
———————————————————————————————————
El Sol agotaba su combustible en
tránsito para convertirse en una Gigante Roja.
La Humanidad había preparado enormes naves
que partirían de La Tierra, Marte, Encelado y Europa hacia destinos prefijados
con el objetivo de terraformar planetas, una ardua y larga tarea que la Humanidad
estaba obligada a realizar si no quería desaparecer.
Previamente se había experimentado con
mutaciones genéticas en humanos como solución para colonizar planetas de los
que se disponían datos suficientes para tener éxito. Una solución muchísimo más
rápida, en el tiempo, que la terraformación; pero la probabilidad de
supervivencia, después del tratamiento de modificación genética, era inferior
al 0,7%. Sin embargo, en embriones era superior al 87%.
El tratamiento en embriones tendría
éxito siempre y cuando el proceso fuera lento y carente de la agresividad que
debería desarrollarse en humanos adultos.
Se desarrolló una segunda opción: Una
nave gobernada por dos tripulantes modificados. Toda la historia de la Humanidad
y embriones mutados genéticamente.
Un reducido equipo de científicos,
apoyados por el Centro de Mando, decidió buscar a sujetos que tuvieran la
máxima compatibilidad posible al tratamiento y preparar a treinta mil embriones
que sufrirían los cambios en el largo viaje estelar convirtiéndolos en fetos
adaptados a un planeta de la constelación Cisne, Niobe
Adam y Eve, no fueron consultados. La
misión les fue asignada y la tuvieron que aceptar sin objeción alguna. Desde el
primer momento supieron que su destino sería el lugar donde pasarían el resto
de sus días, esa fue toda la información que recibieron. Fueron aislados en
cabinas especiales. Sufrieron tratamientos de reconstrucción celular profunda.
Una mezcla de entidades virales y bacterianas creadas mediante ingeniería
genética fue introducida en sus cuerpos. Virus de diseño provocaron una
actualización sistemática completa, parcheando o revisando secuencias de ADN,
mientras cultivos bacterianos eliminaron metales tóxicos y repararon los daños
físicos obvios. Sus sistemas inmunológicos se resistieron. El tratamiento fue equivalente
a una enfermedad debilitante de veinte meses de duración; fiebres, dolores
musculares y articulares, debilidad. Durante ese tiempo el peligro de los
efectos secundarios negativos estuvo cerca, los fallos multifuncionales de sus
organismos pudieron ser reducidos y eliminados, en gran parte gracias a su
particular resistencia física y genética.
La selección de los individuos había
sido correcta. Ellos nunca sabrían de los miles de fracasos anteriores.
En la segunda fase del tratamiento, ciertos
órganos entraron en violencia reproductiva. Las células de la piel morían y fueron
reemplazadas en inhumana sucesión endureciendo el exterior; el tejido nervioso
se regeneraba espontánea y adaptativamente. El proceso fue extremadamente
debilitador, pero lo superaron y mutaron según lo previsto.
Ellos tendrían el honor, sin saberlo, de
realizar el más importante experimento jamás soñado: El origen de una raza extraterrestre.
———————————————————————————————————
El OC ha elegido los puntos del planeta
más adecuados para el aterrizaje. Pronto se ponen de acuerdo y escogen el más
cercano al ecuador.
Adam y Eve introducen los datos
definitivos y el OC comienza la maniobra de entrada en la densa atmósfera de Niobe. Actúan mecánicamente en un protocolo
muchas veces entrenado. No es necesaria la comunicación verbal.
Una vez realizada la programación e
iniciada la automatización de la maniobra, el disco central de la nave se separa
dejándolos como únicos espectadores privilegiados en órbita del planeta.
El acercamiento del resto de la nave al
planeta se produce. Todas las lecturas son correctas excepto unos sensores
ubicados en la parte inferior del módulo donde se encuentran los fetos que
parecen dañados y no aportan datos.
Adam se adelanta a Eve.
—Disponemos de suficientes lecturas, el
resto de los sensores señala que la temperatura está dentro de los márgenes. No…
Eve le interrumpe a gritos al ver que la
temperatura sube exponencialmente.
—¡Debemos abortar, Adam! ¡Hazlo!—Eve se
levanta con la intención de arrebatar el control a Adam.
Adam la detiene con todo el cariño posible,
le coge la cara y consigue que le mire.
—No hay nada que hacer—.Con lágrimas en
los ojos, mueve la cabeza en sentido negativo.
Abrazados contemplan el espectáculo de
colores que se produce por la fricción de la nave y la atmósfera del planeta.
Las luces se intensifican y alargan en tres estelas diferentes.
Se abrazan en silencio. Durante un
tiempo indeterminado sollozan y se acarician.
Eve se separa de Adam y lo mira a los
ojos. Lo que ve en él arrasa con la tristeza y abre en su alma un nuevo camino.
Él es Adam, ella es Eve; están juntos y sonríen.
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