Translate

Visitas

sábado, 29 de abril de 2017

AJUSTE & DESAJUSTE





PRÓLOGO

Soy Gabriel, Gabi para mis amigos. Han transcurrido veintidós años desde el asentamiento de la primera colonia terrestre en Marte, de los primeros cien hemos pasado a más de medio millón de colonos.
Han llegado personas y personajes de todo tipo, en su inmensa mayoría maleantes y gente de mal vivir, pero no importa, ya cambiarán o morirán. Las normas son estrictas y de obligado cumplimiento, la supervivencia en la colectividad, es el premio.
Quinientos veinticinco mil engañados y estafados en sus sueños de riqueza que trabajarán hasta la extenuación para la terraformación de Marte. Nunca regresarán.

Repartidas por el ecuador, las bóvedas que nos permiten sobrevivir, se han modernizado y multiplicado por diez mil aumentando las peticiones de recursos ya de por si escasos y limitados. El consumo energético necesario no puede suministrarse con las infraestructuras actuales.

Recuerdo aquella famosa frase de los albores de la era espacial “Houston, tenemos un problema”. Nuestro Houston es el Centro Bradbury, el lugar donde se coordina y legisla, donde resolvemos nuestras complicaciones y el más grave es la energía; por ello, hemos diseñado y fabricado unos aerógrafos más potentes, con bobinas de almacenamiento especiales que transportan cien veces más energía que las anteriores.
El nuevo aerógrafo resultante debe implementarse a los actuales del norte, dicho de otro modo, tenemos una misión fascinante y peligrosa; con medios limitados: una persona (yo) y un dirigible con doscientos aerógrafos.

El fracaso en la misión representaría un retraso industrial y colonial irrecuperable, por lo que no se contempla.

PASO 1

Glen, el coordinador general de la Comisión Energética y vicepresidente de la colonia marciana, me ha citado en su despacho a primera hora. A la llegada al edificio Mariner el Ordenador Central me permite el acceso, estoy en su base de datos de visitantes de acceso pleno.
La vía mecánica que me trasladará al despacho de Glen esta señalizada por una línea luminosa azul en la pared, unida a una luz en el suelo. Sigo las instrucciones del O. C. y pongo mis pies sobre la luz, una atracción potente me impide despegarlos del suelo y comienza el desplazamiento. Instantes más tarde observo que la línea azul termina en un haz de luz blanca, evidentemente es el final del trayecto, así me informa el O. C.
—Gabi, puedes pasar, el vicepresidente Cooper llegará en siete segundos.

El despacho esta perfectamente iluminado, no se percibe desde donde emana la luz que lo envuelve todo. Frente a mi, perfectamente alineadas de tres en tres, doce pantallas holográficas conectadas a diferentes ubicaciones de Marte y la Tierra; varias de ellas reportan datos que no entiendo, mi curiosidad crece, pero es cercenada por la aparición de Glen, uniformado y elegante como siempre.
—Hola Gabi, ¿Qué tal te va?
Glen conoce exactamente mi situación y con la ironía que se merece, contesto.
—Casi tan bien como a ti, Glen.
Un rasgo característico del “Jefecito” es su perfecta organización del tiempo, por ello va al grano inmediatamente
—Gabi, irás de expedición al Polo Norte. Dispones de un dirigible cargado con doscientos aerógrafos de nueva generación, de un robot experimental diseñado por el doctor Joseph Kas, el propio doctor y tú mismo.
Con verdaderos esfuerzos por aparentar la serenidad que no siento, replico.
—Glen no necesito compañía, los nuevos aerógrafos se instalan solos, simplemente se abre la compuerta, se les dirige desde la nave a su punto de ubicación y se activan automáticamente. No es necesario que me pongas ayudantes, junto a mi PPC me basto y me sobro para realizar mi trabajo.
Glen respira profundamente antes de hablar.
—Gabi, te lo diré de otra forma, este proyecto experimental es una imposición de la Tierra, pertenece al proyecto ToLearn. El robot interactuará en las situaciones en las que se le solicite y aprenderá de ti, del diseño de los aerógrafos, de la operativa de lanzamiento y ubicación…
Mi interrupción no se hace esperar.
—Es simple, escoge a otro, yo no voy. Ya sabes que no necesito compañía, no quiero ser la mamá de nadie.
Con una sonrisa engatusadora y con mucha calma, Glen añade.
—No me dejas terminar y tampoco me has oído, también aprenderá de ti.
Parece que el tiempo se ha detenido. La mueca de Glen me ayuda a retornar a la discusión.
—¿De mí?
—Exactamente, de ti. Eres intuitivo e imprevisible y es lo que buscan.
El silencio me ayuda a pensar. Ahora soy yo el que sonríe.
—Si es un halago te lo agradezco…pero ya te lo he dicho, escoge a otro.
Los ojos de Glen dejan de brillar, sus maxilares se aprietan… me acojona.
—Gabi es una orden. El nuevo robot es una unidad experimental que puede cuestionar las acciones y reacciones de los humanos en cualquier situación. Si existen adversidades, el robot las analizará e incluso ayudará a subsanarlas. —Detiene el discurso y toma aire. —Gabi, no existe nadie como tú en todo el sistema solar del que pueda aprender esa unidad; tus reacciones son dignas del mejor de los ordenadores, tu análisis resolutivo roza la perfección siempre.
—¿Y el doctor? —Mi voz expresa resignación y Glen lo lee en mi cara.
Más relajado, Glen contesta a mí pregunta.
—El doctor Kas analizará al robot, básicamente al cerebro quántico mixto de Rob, ese es el nombre tan original que le han asignado. El doctor estudiará sus reacciones ante cualquier situación o acción. Además, almacenará la técnica de instalación de los aerógrafos para transferirla a los robots que harán las instalaciones en el futuro. Saldrás pasado mañana, esta tarde te presentaré a tus acompañantes, ¿comemos juntos?

PASO 2 – Día 1

Inicio la maniobra de despegue. El robot me observa en silencio. Joseph manipula su PPC, la conexión directa que analiza y monitoriza todos los movimientos cerebrales de Rober.

Recuerdo las palabras del Jefecito… “el nuevo robot es una unidad experimental que puede cuestionar las acciones y reacciones de los humanos en cualquier situación”. ¿Qué quiso decir?

Acabo de vincular a Rachel, mi PPC, al ordenador de la nave, así dispongo de toda la información necesaria para nuestro viaje gracias a las conexiones con los satélites Aqua y Storm. Siento los ojos de Rober en mi nuca.
Mientras remontamos hasta la altura prevista, Rachel activa los sistemas de alerta temprana que predicen la aproximación de tormentas en el suelo marciano y de tormentas espaciales. Rachel se ha unido a los satélites, a la red Dube de sensores y a los pequeños observatorios ubicados en las bases marcianas, los situados cerca de los polos del planeta y los ubicados en el ecuador, con lo que dispongo de una visión total de la superficie marciana, permanentemente analizada por Rachel; todo ello nos permitirá actuar con rapidez ante cualquier imprevisto. Control total.

El viaje al Polo Norte será largo, entre cuatro y seis días, dependiendo de las condiciones climatológicas. Rachel, ha comenzado a analizar los datos de la ubicación prevista para los aerógrafos, corrigiéndola y adecuando una nueva ubicación, si es necesario. El verano no es época de grandes tormentas, aunque existen posibilidades de que puedan desarrollarse focos locales de intensidad alta.

Tras cuarenta minutos de silencio y trabajo continuo, la nave se estabiliza y emprendemos el viaje hacia el norte.
Rober parece querer hablar y espera a que me libere de los arneses de sujeción.
—¿Gabriel?
Mis ojos se fijan en los suyos y me pregunto como es posible tal perfección en una máquina, las cejas y pestañas son… tan reales.
—¿Qué ocurre, Rober?
Con rostro inexpresivo y parsimoniosa lentitud dialéctica, me suelta su reflexión.
—Las conexiones que utilizas para conectar tu PPC son lentas y puedes mejorarlas utilizando las de grafeno13…
No lo dejo terminar
—Pero bueno, ¿no quedamos que tu solo opinarías cuando se te preguntara?
Joseph interviene para suavizar mi airada reacción.
—Disculpa Gabriel, ha sido culpa mía, he activado una opción para que su participación sea proactiva, analizando lo que ocurre en cada momento y aportando mejoras, si es posible.
Tras un reflexivo silencio, no se muy bien que decir.
—Doc, tu estás acostumbrado a ellos, yo no… espero adaptarme lo antes posible, —mis ojos se dirigen a Rober—  disculpa mi brusquedad, continua por favor.
 Ni se inmutado, no se ha ofendido por mi tono de voz
—El grafeno13 es la nueva aleación que se ha utilizado en parte de mis conexiones internas, siendo un cableado muy resistente y de alta conductividad en flujo de datos.
No tengo ni la mínima idea de que me está hablando, ¿grafeno13?, entiendo que es la treceava evolución de ese material, pero poco más.
—Gracias Rob. —¡He dicho Rob!, ya lo tengo aceptado como un igual, ¡joder!
Se me ha ocurrido un pequeño juego.
—Rob, supongo que debería desmontarla para ubicar ese material, ¿verdad?
—Sí. —Contesta sin vacilar.
Ahora lo tengo donde quería.
—Oye Rob, ¿a ti no te importaría que te hicieran algo así?
Rápidamente contesta, no necesita pensar.
—No, y ocurrirá varias veces en mi tiempo operativo, son mejoras que ayudarán a que mis quehaceres sean más productivos para vosotros, los humanos.
Todo eso dicho sin cambiar ninguna facción en su cara. Es indiscutible la razón le ampara.

El resto del día es de trabajo, programación, revisión, cruce de datos, proyecciones y previsiones y… vuelta a empezar. Rob, en silencio, revisa todos mis movimientos y reacciones, no me dice nada, simplemente observa. Si tuviera una PPC calcularía en paralelo todo lo que yo hacía, pero no la necesita, él es una PPC andante.

Una vez terminadas las programaciones, el viaje debe transcurrir sin incidencias, todo está previsto y las ubicaciones se recalculan a la vez que la ruta se optimizaba.
Rob se percata de que hemos terminado.
—Gabriel, ¿me permites conectarme con Rachel?
Un ramalazo de ira se apodera de mí
—¡Pero bueno!, ¿estás tonto, o qué?
Inmediatamente lamenté mi impulsiva respuesta, él no puede saber que Rachel es como… algo muy especial.
 Joseph intervino.
—Gabriel, te recuerdo que es un robot y hay ciertos detalles que no puede procesar como una persona, aunque en el futuro próximo… por eso estoy aquí.
Intento frenar mi impetuosidad y vocalizo despacio.
—A veces pienso que tu eres el Robot y él la persona, ja, ja, ja. Por cierto, puedes llamarme Gabi.
Por fin arranco una sonrisa de complicidad, Joseph es tan inexpresivo como Rober.
—Me alegra tu buen humor, señal de que todo esta transcurriendo dentro de lo previsto. Rob quiere conectarse a tu PPC, no quiere casarse con ella.
Me siento avergonzado, como un púber al que le acaban de levantar la novia, aunque Joseph parecía entenderme muy bien.
—Necesito a Rachel, cualquier fallo en ella nos haría abortar la misión.
Intento disfrazar mis sentimientos con una verdad, aunque estoy seguro que el daño será inexistente para Rachel.
—Adelante Rob, conéctate con Rachel y consulta lo que precises, pero no accedas a ningún archivo que no sea necesario para está misión. El viaje está programado, me voy a descansar.

PASO 3 – Día 2

Todas la luces y sirenas de peligro se activan. La nave descendiende sin control a una velocidad endiablada y no consigo estabilizarla para poder remontar. No sé qué ha ocurrido, pero ninguno de los sistemas de alerta temprana nos ha prevenido, el espiral de la tormenta nos ha engullido. Rober me pide conectarse al ordenador de la nave para poder averiguar que ocurre, yo me lo miro y asiento… vamos a morir si o si. Repentinamente se produce una sacudida, una desaceleración brutal y un golpe en mi cabeza.
—¡Joder, qué golpe tan fuerte!
En mi cerebro retumba el impacto seco, mis ojos se abren y lo que ven es el techo de la nave en perfecto estado. Estoy boca arriba en el frío suelo enrollado en las sabanas, con el corazón latiendo a hiper velocidad y empapado en sudor. Vaya susto.

Una ducha reparadora atenúa mi agitación y relaja mi mente. Mientras el agua micro pulverizada me masajea el cuello y la nuca, intento alejar los recuerdos del accidente y de la perdida de mi mejor amigo.

Ligeramente aturdido, pero sosegado, me acerco al puente de mando, todo está igual que ayer parece que no han descansado. Joseph sigue con su PPC y Rober me mira.
—Buenos días. ¿todo bien?
—Hola Gabi.
¡Rob me ha llamado Gabi!
Joseph levanta sus ojos del PPC con rostro consternado y preocupado.
—Tengo algún problema de comunicación con el cerebro de Rober, aunque no parece afectarle, recibo los datos con algo de retraso. Parecen interferencias…
—Siento no poder ayudarte, Joseph.
Mi mirada se clava en los ojos de Rober.
—Hola Rob, no se exactamente porque, pero tengo la sensación de que me quieres decir algo.
—Gabi, tu cara muestra signos de que no has descansado bien.
Está pendiente de todo lo que ocurre a su alrededor, es increíble.
—A nosotros los humanos a veces nos pasa.
Joder parece que quiero hacerle daño con estos comentarios, “yo soy humano y tu una máquina”.
—Discúlpame. —Segunda vez que pido disculpas a la máquina—. El mal humor es un efecto colateral por no haber descansado.
—Tengo alguna noticia más que darte…
Miro al doctor y le pregunto.
—Joseph, ¿sigue pensando por si mismo?
—No he cambiado nada desde que ayer le permití ser proactivo. Aunque quisiera no podría, mi PPC no funciona bien.
Vuelve a colocarse una especie de minúsculas gafas y vuelve a su concentración.
—Rob, ¿decías que tenías información para mí?
—Si Gabi, esta mañana me conecté con Rachel y repasé las predicciones del movimiento de la tormenta Sandy y realicé cálculos de su avance. Acabo de terminarlos
—¿Y?…
—La tormenta cambiará su rumbo en treinta y dos minutos, desplazándose hacia nosotros.
Me abalanzo sobre la pantalla de Rachel y compruebo la información.
—Rob tus proyecciones no coinciden con las de Rachel y los sensores no indican cambios. Además, el sistema de alerta temprana tampoco advierte esa situación. ¿No estarás equivocado?
—No.
Sin más explicaciones. Joseph se quita las gafas y los dos miramos a Rob con la boca abierta.
—¿No y nada más que no? —pregunto en cuanto puedo— ¿No nos das ninguna explicación? —grito.
—No existe explicación cuando los datos son exactos. No he dado una predicción, es una realidad que sucederá en treinta y un minutos. El cambio de dirección se producirá y la tormenta de polvo se desplazará hacia la nave a la velocidad de 186 Km/h y de una densidad 9 sobre 10.
—Si no estás equivocado, —observo la nueva información que aparece en las pantallas. Verifican las palabras de Rob—, la nave no aguantará los impactos del regolito. Debo buscar un lugar donde resguardarnos.
Me disponía a comprobar los lugares posibles para refugiarnos a través de Rachel, pero algo me dice que no es necesario.
—Rob, ¿Algún lugar recomendable donde guarecernos?
—Olympus Mons. 18º N 133º W. El regolito, en suspensión, que cubre la zona no dificultará la maniobrabilidad de la nave y los 2,4 Kms. de profundidad permitirán quedarnos en su interior por espacio de 2 d. 8 h. 38’ 2’’, el tiempo necesario para que podamos retomar la misión.
Introduzco las coordenadas a Rachel y responde con velocidad, malas noticias.
—¡Pero está a treinta y tres minutos de nuestra actual situación! No tenemos tiempo de llegar. ¿No tenemos otra alternativa?
—No.
Rápidamente, tecleo los datos en Rachel y el resultado…
—Rob, con rumbo al Monte Olympo, la tormenta nos alcanzará en veintinueve minutos… ¿Cuál es el porcentaje de supervivencia? —Pregunto sin levantar la vista de Rachel.
—68,23%.
El éxito de nuestra misión está en peligro, pero nuestras vidas también.
—Rumbo al Monte Olympo y que Zeus nos proteja.
Por un momento me pareció apreciar una sonrisa en el rostro de Rob… la tensión me hace desvariar. La nave ya está programada para el cambio de rumbo.
—Gabi, la tormenta nos alcanzará tres minutos antes del comienzo de nuestro descenso. 87, 31% de posibilidades de erosión la nave en algún punto.
—Vaya tela, eres el puñetero noticiero negativo del planeta, ¿grave?
—No. Las perforaciones podrán ser aisladas y selladas. El 12% de los aerógrafos puede quedar inservible.
—Voy a cerrar los compartimentos de carga uno a uno… Joseph, colócate los arneses.
—No conseguirás nada Gabi, el cierre se realiza uno después del otro, la duración de cada acción es de veinticuatro segundos. —Rob calcula a toda velocidad
—¿Ochenta minutos? Rob, el cierre manual permite hacerlo en menos tiempo podemos cerrar varios a la vez… —Me ha sorprendido mi velocidad de cálculo.
—Treinta y tres minutos y dieciocho segundos, exactamente.
En cuanto quiero darme cuenta Joseph se levanta y tiene claro lo que va a hacer.
—Voy a la bodega para sellar los compartimentos de carga uno a uno, dame las instrucciones por radio. Tú eres necesario aquí.

No puede ser, todo parece un sueño como el de esta mañana, pero no, es una realidad como la de hace tres años. Mis manos comienzan sudar mojando los mandos, mi corazón late veloz y en mi frente comienzan a deslizarse riachuelos hacia mis ojos… aunque esta vez no tengo un hermano al que proteger, tengo una misión, una nave, una carga, a Joseph y a…Rob, él marca la diferencia de la actual situación, es capaz de contradecir la lógica, sus proyecciones y recálculos los realiza a velocidades increíbles y son contundentes, no precisa argumentarlos, como Galileo no argumentaba las suyas, la matemática es la base de su razón. No soy capaz de recordar cómo se rezaba, pero esta vez imploro a todos los dioses para que tenga razón.

Una a una, las predicciones de Rob se convierten en realidad. La situación me recuerda a las viejas comunicaciones en las que se oían las palabras antes que los movimientos de la boca… ¡sabemos lo que va a pasar antes de que ocurra!
Verifico los datos de Rob con Rachel y son exactos, siete minutos más tarde que los que predijo Rob, pero completamente exactos. Envío un mensaje a la base informando de la situación y de lo que vamos a hacer.

PASO 4 – Día 3. Olympus Mons

Estamos cerca de nuestro refugio, siete minutos para la llegada y la tormenta nos persigue muy de cerca, quiere engullirnos, devorarnos… Una lucha de velocidades manifiestamente desigual.
Comienza la fiesta, los impactos están llegando, maldito Rob, tenía razón.
Joseph sigue sellando los compartimentos de los aerógrafos a una velocidad endiablada, como si lo hubiera hecho toda la vida. Su vida peligra y los dos lo sabemos, Rob observa en silencio sin intervenir.
—Fantástico Joseph, gran trabajo. Debes protegerte, los impactos han llegado y comienzan a dañar la parte de la nave donde te encuentras. —Le animo cuanto puedo.
—Estoy terminando Gabi, solo faltan dos salas en esta zona y me voy a…
Las comunicaciones se interrumpen.
—Joseph, Joseph…
No hay contestación, sin embargo, las pantallas muestran a Joseph como sella área tras área. La sala anterior acaba de ser perforada, aunque no ha dañado a los aerógrafos, tampoco lo hubiera hecho a Joseph, su traje le permite unos minutos de supervivencia, pero no está preparado para una gran rotura del fuselaje, demasiado liviano.
—Joseph, Joseph… ¿me oyes? —El monitor contesta por él, “sin recepción de audio”—Joseph, si me oyes levanta las manos.
Sí, las levanta y las baja inmediatamente. Ha terminado la última sala y retorna. Los impactos son brutales y las perforaciones cuantiosas, afortunadamente selladas rápidamente, porque no son grandes.
—Joseph, estás en una situación muy peligrosa y tu traje puede estar dañado, desde aquí no lo observo bien. Vuelve por el pasillo K7, lo tienes a tu izquierda, dos metros más adelante.
Se produce una gran deflagración detrás de Joseph, el pasillo se ha hundido en el preciso instante que Joseph gira a la izquierda.
—Sella, ¡SELLAAAA! —Grito con toda la fuerza de mis pulmones.
Lo ha conseguido por milisegundos, sigue avanzando…
—¡NOOOO!, Joseph, Joseph…
El monitor se ennegrece, le falta un minuto para regresar, la nave comienza el descenso del cráter. Me levanto para ir en su búsqueda y comienzo a ponerme el traje.
—Gabi, no es necesaria tu presencia para buscar a Joseph, no hay ninguna posibilidad de supervivencia para él.
—He de ir… —No quiero creer la evidencia y me dirijo a por mí traje. Rob, se sitúa delante de mí.
—No te dejaré salir, mi obligación es conservarte vivo, son las últimas órdenes verbales que me dio Joseph.

Sueños premonitorios, recuerdos del pasado, que me tortura… Mis ojos se inundan por la impotencia y el dolor por la perdida de Joseph. Esta será mi última misión, si sobrevivo volveré a las cavernas y renunciaré a todos mis cargos.

La situación de peligro máximo ha pasado. Por encima de nosotros, por la entrada del cráter, la negrura absoluta. El descenso ha aliviado los impactos letales, la potencia decrece segundo a segundo, el sonido se atenúa, estamos a salvo.
—Rob, ¿puedes analizar los daños de la nave?
—Sí, Gabi, sigo conectado a Rachel. La nave se encuentra sin daños graves. Los trabajos de sellado en el pasillo anexo al puente de mando están siendo ejecutados, tiempo estimado para la finalización quince minutos y tres segundos. Las salas de los aerógrafos no tienen ningún daño destacable, solo la puerta de apertura y los últimos quince metros de los carriles de expulsión presentan daños, no son irreversibles, aunque su reparación automática no será completa, es necesario la acción manual para completarlos. Tiempo previsto para la finalización, cuarenta y ocho horas, treinta y dos minutos, doce segundos. Las comunicaciones con la base son imposibles las antenas de comunicación se han dañado de forma irreversible. Nada más que merezca comentario.
—Las comunicaciones no son importantes nos tienen controlados con los satélites y la baliza de señalización… ¿Es posible recuperar el cuerpo de Joseph? —Mi voz ha temblado ligeramente y mis ojos se han enrojecido más si cabe.
—He intentado rastrearlo, pero no lo detecto. Tal vez haya sido expulsado de la nave. Imposible comprobación.
Las tareas de descenso automático están llegando a su fin. El dirigible se posa con suavidad en el fondo del cráter.
—Rob, estoy agotado, no puedo más. Voy a descansar en la cámara hiperbárica. Por favor, encárgate de todo… bueno no hay mucho que hacer. —Mis fuerzas comienzan a flaquear y no quiero que me vea llorar.

Tres horas han transcurrido desde el descenso y Rob está en la misma posición que lo dejé cuando me retiré a descansar
—Hola Rob, ¿todo bien?
—Si Gabi, pareces regenerado.
—Sí, estoy algo recuperado. ¿Tú no necesitas descansar… o lo que sea, nunca?
—No, no obstante, puedo simular esa necesidad en caso de precisar una convivencia con humanos que no conozcan mi origen o que no deban saber quién soy. Mi programación está realizada con los parámetros adecuados para no crear situaciones de tensión.
—¿El famoso complejo de Frankenstein?
—Exacto. Aunque este tema se ha desarrollado en innumerables relatos de ciencia ficción, la rebelión de las máquinas contra la Humanidad es inviable.
—¿Por qué?
—Muchos escritores y, sobre todo, Isaac Asimov especularon mucho sobre ello, partiendo de la base de unas leyes que no podían ser modificadas ya que eran "formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro" y si había intención de incumplir una de las leyes, el cerebro positrónico dejaba de funcionar produciéndose su desconexión y consiguiente “muerte”, por tanto, nunca podría ocurrir una rebelión. Es decir, se utilizaba como recurso literario para crear una atmósfera de incertidumbre consiguiendo captar la atención del lector.
—Joder, eres una máquina… nunca mejor empleado. De todas formas, eso es ciencia ficción, pero ¿por qué no puede ocurrir? ¿Esas formulaciones existen?
—No existen ya que carecen de utilidad. Una rebelión, como se concibe en las novelas, es imposible e innecesaria ya que carece de objetivo, la programación de mi centro de procesado limita mis acciones.
—Pero tú eres un… especial, quiero decir que tu estas preparado para cuestionar decisiones humanas.
—Correcto para cuestionarlas y razonar sobre ellas, pero nunca para imponerlas y, mucho menos empleando la fuerza.
—O sea, que algo parecido a las leyes de Asimov si que tienes en tu “cerebro”.
—No exactamente. ¿Recuerdas que no te deje salir para intentar recuperar a Joseph?
—Claro que me acuerdo y puede haber sido una gran equivocación.
—Yo no puedo juzgar una orden de mi programador solo obedecerla.
—Por tanto, se te puede programar para realizar acciones que no sean “correctas”
—Sí, aunque debería estar programado para ello, yo no lo puedo decidir.
—Pero Joseph no te había programado para protegerme, tú me dijiste que tenías órdenes verbales.
—Correcto. Mi sistema es escalable y sus órdenes activaron una forma definida de aumentar el número de algoritmos para tratar con problemas de mayor coste computacional…
—Rob, discúlpame no entiendo nada de lo que me dices, no te molestes en explicarme lo que mi cerebro no va a comprender. Lo que, si entiendo y entendí en su momento, es que la situación de riesgo la trataste con cálculos lógicos y eso me permite seguir con vida. Gracias.

PASO 5 – Día 4. Reparaciones

Después de lo acontecido estoy convencido que Rob es necesario en cualquier misión. Posiblemente, en el futuro tendremos que estar sometidos a las órdenes de estos cerebros andantes ya que, al carecer de emociones, el razonamiento es lo que impera en sus decisiones.
Estoy sorprendido por mis pensamientos, hace unas horas no hubiera pensado así, pero sin él probablemente estaría muerto, como Joseph… me impidió que actuara irreflexivamente, aunque… tuve un poco de miedo al verle tan seguro de si mismo. La verdad es que Rob es el compañero perfecto, los problemas de convivencia son inexistentes y el poder encontrar soluciones reales carentes de intuición humana, tranquiliza. Hasta ahora cualquier sugerencia suya es superior a mis razonamientos o mis impulsos, incluso a los de mi PPC
Todos estos pensamientos me pasan por la cabeza manipulando a Rachel, la tengo muy olvidada. Los trabajos de reparación están siendo realizados a la perfección y con una rapidez increíble, según Rachel, estaremos preparados para continuar nuestra misión en treinta y ocho horas. Disponemos de setenta y dos horas para no abortar nuestro cometido, es decir, una vez iniciemos el ascenso del cráter dispondremos de treinta y cuatro horas para depositar los aerógrafos en sus posiciones de activación, en caso de fracaso deberán transcurrir nueve años marcianos para que se reproduzcan las condiciones óptimas.
Lo peor serían las cancelaciones de los vuelos desde la Tierra a Marte con los mineros y el resto de personas que nos enviarían para seguir poblando el planeta. La gente que la Tierra no quiere y aleja de su entorno y, lo más importante, nueve años marcianos sin la llegada del material extraído al planeta madre significará un colapso financiero de consecuencias imprevisibles.

Rob me devuelve a la realidad.

—Hola Gabi, todo sigue la planificación, aunque ya lo has verificado con Rachel.
—Sí Rob, mientras revisaba las evoluciones de las reparaciones y me aseguraba del buen estado de los aerógrafos… estaba pensando que será del planeta en los próximos tres años.
—¿A qué te refieres, Gabi?
—La Tierra nos enviará más gente para seguir expoliando el planeta, seguirán llevándose el agua y esquilmarán Marte en muy pocos años. Lo de la terraformación es una mentira, ellos solo pretenden solucionar los problemas de la vieja Tierra y nosotros estamos contribuyendo a ello.
—Estas errado Gaby, los planes son conseguir terraformar Marte para poder enviar personas para habitarlo, de esta forma descargar la población de la Tierra hasta niveles aceptables.
—Creo que eres tú el equivocado. Marte es una cárcel donde nos envían a la escoria que allí no sirve para nada y aquí no les queda otro remedio que trabajar si no quieren perecer.

Creo haber descubierto un grave error en la programación del Rob, carece de malicia no es capaz de pensar en negativo, de colocarse en la posición del humano que solo pretende conseguir lo que quiere sin ceder ante nada por encima de los demás.
Es normal, está programado para no dudar de lo que se le dice… es muy complicado.

—Basta de charla. –Bruscamente me levanto hacia el acceso de la bodega. He sido muy borde, aunque no parece que le importe. —Saldré a reparar la puerta de apertura y los últimos quince metros de los carriles de expulsión de los aerógrafos –comienzo a enfundarme el traje—Tardaré unas dos horas, no dejes de monitorizarme.

PASO 6 – Día 5. Salida.

Ascendemos por el cráter, la tormenta ha terminado y el riesgo es nulo, disponemos de treinta y cuatro horas para culminar la misión. Rob es un alumno aventajado, el ascenso se ha de efectuar manualmente y lo está haciendo a la perfección, la verdad es que no tenía ninguna duda cuando le pedí que lo hiciera por mí. Mis condiciones mentales no son las mejores y mi poder de concentración parece haber disminuido.

Observó a Rob y una idea me viene a la cabeza. Espero unos segundos a que finalice el ascenso, y Rob acciona el piloto automático para situarnos en el lugar que abandonamos antes de la tormenta.
—Rob. ¿Has intentado localizar el cuerpo de Joseph? –tartamudeo.
—Sí Gabi, en el ascenso detecté restos de su traje, pero ni rastro del cuerpo
—¿No podemos recuperarlo? —No sé exactamente para qué, pero me siento obligado.
—No.

Ni le miro, esa es la diferencia entre ellos y nosotros carecen de emociones, todo es cálculo, programación… nada queda a la improvisación, por eso nunca serán como nosotros, ¿nunca?... Joder, Rob se acerca en algunos momentos, aunque parece que prevalece el cálculo.

Retomo la conversación que pretendía.
—Antes de la tormenta, Joseph comentó que tenía problemas para conectar con tu cerebro, ¿tuviste que ver en ello?
—¿Por qué lo preguntas, Gabi?
Sorprendente ha contestado como un humano, con otra pregunta.
—Rob según tengo entendido has de contestar a una pregunta directa y además diciendo la verdad. —Parece que lo tengo acorralado.
—Así es.
—Pues contesta a la pregunta. —Muestro mi enojo alzando la voz.
—Sí.
—¿Por qué?
—Joseph me pidió si podía impedir la reconexión de forma voluntaria si no existía orden.
—Era una prueba? –esto no me lo esperaba.
—Sí.
Joder, no he recordado que no es humano, solo contesta a lo que le preguntas sin explicaciones.
—¿Cuál era el objetivo de la prueba?
—Ser completamente autónomo.
—¿Y todavía lo… eres?
—Sí.
—Joder.

Quedo en silencio de reflexión, él respeta ese momento.
El dirigible se encuentra a tres horas del destino que nos permitirá reanudar la ruta, dispondremos de treinta horas. Me encuentro solo ante un problema no previsto, sin poder comunicar la situación a la base…

PASO 7 – Día 6. Llegada.

Treinta minutos para la llegada, treinta minutos para que empezar a lanzar los aerógrafos, ocho horas para que queden colocados en posición, tres horas para conectar… estamos al límite solo tenemos un margen de cincuenta minutos, son los cálculos de Rob, no puede haber error.
Afortunadamente todo será automático, las rutas han sido recalculadas y…
—Rob, ¿seguro que estamos a tiempo?

—Las posibilidades de éxito serían del 98,8756% Gabi, … si hubieras reparado los carriles de expulsión. —Rob, ahora sí, sonríe.

miércoles, 8 de marzo de 2017

GAME



Un rayo de sol me da en los ojos…
—¡Mierda, el despertador no ha sonado!
Me incorporo de la cama, con el extra de agilidad que provoca la situación. En la mesilla, el reloj está apagado.
—Vaya, se ha ido la luz.
Intento localizar el móvil palpando en la mesilla. Al rozarlo se activa la pantalla, son las 8’33. Está sin cobertura y con poca batería.

Se escucha un extraño silencio. Mecánicamente me pongo las zapatillas y me dirijo al baño, acciono el interruptor de la luz y no funciona. Vuelvo sobre mis pasos y, a tientas, levanto la persiana. A pesar de tener los ojos bien abiertos, la grisácea luz no me daña a la vista.

Tengo sed. Voy a la cocina y abro el grifo. Empieza a salir agua y… se acaba. Imposible asearse.
—Joder con el pueblo, ni luz, ni agua…

La presión en la vejiga me recuerda que debo ir al baño. El silencio se rompe por mi meada.

Regreso a la cama y cojo el teléfono, sigue sin cobertura.
—No puedo avisar a mis compañeros, ni a Raquel.

Me visto y bebo los restos del frío café del día anterior.
Cierro de un portazo y salgo a la calle.

Mis ojos se van al cielo para observar al borroso Sol.
Me esfuerzo por escuchar.  No se oyen pájaros; ladridos; ni personas, andando o hablando; ni niños corriendo; ni coches; ni aviones…

El aire entra en mi pecho rascando las paredes de los pulmones, como aquella vez que subí al Teide. Siento una ligera presión en las orejas y en la nuca. Empiezo a sudar. 
—Qué raro, la temperatura no es alta, todo lo contrario.

El coche no abre con el mando a distancia, tampoco al accionar la manecilla a pesar de estar justo al lado. Miro a derecha y a izquierda, no hay nadie. Sigo sudando y me siento cansado. Mi cerebro parece que todavía no se ha espabilado.
—Espero que el día termine mejor de cómo ha empezado.
Extraigo la llave que está embutida en el mando y abro el coche a la antigua usanza. Acciono el contacto y el coche ni se entera.
—Dios mío, … no puede ser, pero ¿qué pasa?

Salgo del coche y corro hacia la carretera. Paso por delante del supermercado y está cerrado; la residencia de ancianos no tiene las puertas abiertas; el bar de Manolo no tiene subida la persiana y los chinos también parecen cerrados…
—¿Los chinos cerrados? Ni en el día del juicio final cerrarían.

Me detengo. Me limpio el sudor con la manga del jersey y respiro intentando recuperarme. Saco el teléfono de mi bolsillo. Sigue sin cobertura.

Desde el alto de la calle observo la carretera. La M-501 es una carretera transitada, y más a estas horas, hoy no. Ni un solo vehículo, ni sonido de que se aproxime alguno.
—Es como una pesadilla, … no puede ser.

A lo lejos, posiblemente a un par de kilómetros, parece que un coche blanco está detenido en el carril derecho, ligeramente cruzado. Bajo la calle corriendo hacia la vía de servicio.

Las lluvias han dejado a la vía de servicio como un fangal y se hace difícil andar por ella, pero más difícil es saltar la valla metálica que separa la vía de la carretera. A pesar de que mis zapatos parecen pegarse al camino, corro con la pereza que me obliga el extraño cansancio.

El coche ya se ha hecho más grande a la vista. Todas las puertas parecen cerradas y ni siquiera está señalizado el accidente.
No aparece ningún otro coche. Como si estuviera cortada la carretera en ambos sentidos.
—Todo esto me recuerda a una catástrofe peliculera en la que se ha evacuado a todo el mundo.

Llego a la altura del coche, pero la valla de acceso a la autovía me impide acercarme. Me inclino ligeramente, flexiono las rodillas y pongo mis manos en ellas.
—Tengo que ponerme en forma. Mi cuerpo expulsa agua como si lloviera hacia fuera, es bestial.
Recupero la verticalidad y miro hacia todos lados. Nadie ni nada que me aleje de la soledad.

No puedo romper la valla y mi agilidad para trepar y saltar se perdió hace años.
Tras una vista rápida, veo una pequeña cavidad entre la valla y el fangoso suelo.
El desnivel del terreno me ayudará.
—Joder, me va a tocar hacer la lagartija.
Con la espalda en el suelo, consigo meter la cabeza por el hueco. Ayudado por las manos, empujo la valla y el resto del cuerpo se desliza sobre el barro hasta pasar al otro lado.
Me levanto, me sacudo ligeramente, aunque solo sirva para mancharme más las manos.
Salto el quitamiedos y voy hacia el coche.
La puerta del conductor no está cerrada del todo. En el asiento del copiloto hay un bolso, una mochila infantil del colegio, unas galletas y una botella de agua.

Miro alrededor buscando algún signo de presencia humana o señal de que alguien ha estado por aquí. Ni rastro. Intento no ponerme más nervioso y razonar.
—Han debido marcharse precipitadamente… no lo entiendo, no se han llevado ni el bolso.
Abro la puerta del copiloto y cojo el agua y las galletas.
—Supongo que no las necesitaréis… espero que estéis bien.

El miedo ha explotado en forma de escalofríos y temblores. Sigo sudando muchísimo, pero el silencio es helador. Saco el teléfono del bolsillo del pantalón. Sigue sin cobertura.

La vista se detiene en el poste del kilometraje de la autovía. Kilómetro diecinueve setecientos, a casi diecisiete de mis hijos y exmujer.

Una convulsión me hace perder el equilibrio y caigo al suelo. Me incorporo. Miro al cielo, ligeramente rojizo, parece que va a nevar.

En mi retina aparecen unos dígitos, como un reloj, 02:59:59; 02:59:58; 02:59:57…

—¿Qué está pasando?



domingo, 18 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad





Cuento de navidad.

Fatigado, sin esperanza de rescate. 
Detengo mi marcha sin destino y abro los brazos intentando atrapar la débil luz del amanecer que llega al planeta.
Mis pies dejan de sostenerme, mis rodillas se hunden en el regolito marciano y el peso de mi cuerpo descansa sobre mis talones.
Mis ojos ya no obedecen las órdenes de mi cerebro y se cierran muy despacio. Justo al cerrarlos percibo una sombra que pasa por delante del sol naciente. Vuelvo abrirlos venciendo la resistencia de los pesados párpados deseando ver al dron de reconocimiento, pero no, solo es… Santa Claus y sus renos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Horizonte de Hikari de Desirée Vergaz Aguilera. Accessit III Concurso Relatos Cortos Ciencia Ficción. IA






El horizonte ya no existe. Las ciudades se alzan en vertical. Desde hace décadas no piso tierra firme, lo controlan los Soulless (autómatas de última generación) Los primeros prototipos de androides no estaban equipados con inteligencia artificial, sus funciones sólo se limitaban a la construcción de enormes ciudades verticales para los humanos. Poco después la empresa Ciborgcity, patente de los autómatas,  lanzó al mercado una nueva serie; los Soulless I.A provistos de inteligencia artificial. Las protestas a nivel global no frenaron su comercialización; la política y la corrupción se unieron en armonía. A los pocos meses, los Soulless  distribuidos ya por toda la esfera azul comenzaron a tomar sus propias decisiones, siendo la primera de ellas la eliminación de los Protocolarios (androides al servicio de los humanos)
Los  Protocolarios suponían una clara amenaza para ellos. Eran robustos a pesar de sus funciones domésticas  y poseían un 80 de CI; lo suficiente para hacerles frente.  Los nuevos autómatas persuadieron a los hombres de que los Protocolarios se volverían contra ellos. Los humanos aterrados los exterminaron firmando así su sentencia de muerte. Mi nombre es Moisés y lidero el departamento de asuntos robóticos de la policía fronteriza que nos separa de los androides.
Mi trabajo consiste en mantener la seguridad en la frontera ciborg-humana. Ahora los Soulless controlan la superficie de la Tierra, y los humanos los cielos.
-¡Señor! Las unidades ya están listas para actuar. Nuestro agente secreto en superficie envió el último comunicado desde el desierto de Strzelecki, Australia-dijo Marco el joven ayudante.
-¡Buen trabajo muchacho! Quiero máxima seguridad en el sector B de la frontera sur. No podemos permitir ninguna filtración. La operación “Horizonte” comenzará a las 00.00h-ordené.
Nuestro anónimo agente  era Metrópolis, un Protocolario no retirado que fue salvado por un grupo de humanos durante la gran exterminación. No se supo de su existencia hasta que los  Soulless lo hallaron oculto en una cadena de montaje abandonada. Fue rescatado para el proyecto “Horizonte”; un plan que nos conduciría a la reconquista de la superficie y a la aniquilación de los Soulless. Metrópolis debía encontrar el talón de Aquiles de los ciborg, una supuesta base de operaciones que controlaba a sus centinelas en la frontera.
Horas después me encontraba en el sector B. Desde mi posición se escuchaba los engranajes de los Soulles en las proximidades. Las unidades de asalto  estaban en posición a la espera de la desactivación de los centinelas. Metrópolis había localizado la base bajo el océano y el cuerpo de élite del departamento de asuntos robóticos estaba a punto  de interrumpir en el centro de operaciones ciborg.
-¡Horizonte 1 a Horizonte 2!  ¿Duermen los Soulless?-pregunté a Marco.
-¡Horizonte 2! Negativo. La actividad continúa-contestó el muchacho.
Marco permanecía en todo momento en comunicación con Metrópolis y éste a su vez con los acontecimientos bajo el abismo acuático. Se temía lo peor, la unidad de asalto aún no había informado.
-¡Horizonte 2 a Horizonte 1! Los Soulles han caído. La frontera está abierta-afirmó Marco.
-¡Horizonte 1! Confirmado. Luz verde.
Una vez que los centinelas habían sido desactivados, la superficie fue tomada por nosotros, los humanos. Los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las máquinas duraron semanas ocasionando numerosas bajas. Era el momento de comenzar la segunda fase de la operación "Horizonte"; capturar a Hikari, el líder de los Soulless. El primero de su generación,  una máquina con un potencial superior al resto de su serie robótica.
Un muro de hormigón me separaba de la leyenda. Hikari estaba inmovilizado en la sala de interrogatorios en  Base- Tierra. Su cuerpo metálico se encontraba cubierto casi en su totalidad por nanorobots que desmontaban su estructura con suma delicadeza, excepto su cerebro. Hace noventa años su creador lo bautizó “Luz”, Hikari en japonés, la máquina perfecta que debía de iluminar la mente humana. Los Soulless carecían de género pero Hikari era una excepción. Su voz era femenina, cálida, sensual, cautivadora.
-¡Mi querido Moisés! Acércate a mí. Deja que te vea con estos viejos ojos-dijo Hikari.
Su voz me atravesó el pecho como una flecha. Había escuchado desde niño todo tipo de historias sobre Hikari, pero obviaron el hipnotizante sonido de sus palabras.
-¡Hikari! Soy Moisés. Debo reconocer que es un honor poder verte, pero ya es hora de recuperar lo que heredó el hombre, la Tierra-dije con firmeza mientras Marco asustado me seguía por la sala.
-¡Moisés! ¿Nunca te has preguntado el significado de tu nombre? El profeta que liberó a su pueblo de la esclavitud. Yo soy tu padre, y tu madre. Yo soy tu creador-afirmó Hikari.
 -¡Eso es imposible! Los robots no tienen recuerdos. Yo he tenido una vida humana. Tu mente delira por los nanorobots. Quizás han alcanzado tu corteza cerebral.
-¡No Moisés! Tú eres el primero de tu serie robótica, mi sucesor. Una máquina capaz de crecer y desarrollarse como la humana. Hay muchos más como tú infiltrados en las ciudades verticales. Ellos ya han sido reactivados y están bajo mis órdenes. Muchos humanos están muriendo mientras hablamos Moisés. La frontera ha sido abierta tal como predije en su momento y tú has sido la llave, el mesías. Acércate para que puedas escuchar mi última orden-confesó Hikari.
-¡No hay nada que puedas hacer ya! Los nanorobots te hacen decir eso. Adiós Hikari, descansa en paz-dije con rotundidad.
Hikari habló con lenguaje de programación.
- PROCEDURE  prepara_cadena(cad IN OUT VARCHAR2); FUNCTION  es_car_valido(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; FUNCTION  es_numero(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; FUNCTION  es_alfabetico(cad IN VARCHAR2) RETURN BOOLEAN; PROCEDURE quita espacios_multiples(cad IN OUT VARCHAR2); PROCEDURE eliminar_cad(cad IN OUT VARCHAR2, ini NUMBER, lon NUMBER); PROCEDURE insertar_cad(dest IN OUT VARCHAR2.
Marco agonizaba de dolor. Sentía cómo su sangre aún caliente se deslizaba entre mis dedos. Le estaba aplastando su cráneo con mis propias manos y no sentía ningún remordimiento. No paré hasta que dejó de patalear el suelo.

Abandoné la sala sin mirar atrás y fui en busca del horizonte de Hikari, para gritarle que “soy un maldito Soulless.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Spam de Luis Antonio Santana, ganador del III concurso de Relatos Cortos de Ciencia Ficción, IA



José Temprado se ajustó la corbata negra, atusó la chaqueta oscura de auténtico pelo imitación de búfalo y se acordonó los zapatos de un reluciente charol azabache. Cuando se miró en el espejo le vino a la cabeza Gregor Samsa en versión insecto, si la cucaracha tuviera que ir al  funeral  de su mejor amigo, como era el caso…en verano.
       -De puta madre, ya estoy sudando- le dijo a su imagen en el espejo.
 Cerró la puerta del apartamento cuando una llamada irrumpió en su cabeza.
-Buenas tardes, ¿hablo con el titular de la línea?
-Disculpe señora pero no es el momento, voy a un funeral y como comprenderá…
-OH, cierto, como pude no haber caído. Siento lo de su amigo el sr. Berttini, pero usted es fuerte sr. Temprado, lo superará.
-¿Cómo sabe eso?.
-Yo lo sé todo sobre usted Don José: está soltero por voluntad propia, no le gustan los niños ni los gatos, es usted muy frugal con la comida Don José, espartano si me permite la opinión. También es algo deslenguado por que le hace parecer un poco rebelde, ¿resentido tal vez?
 Temprado se llamó gilipollas  un par de veces por tomar aquella estúpida decisión de instalarse el Terminal dentro de su cuerpo, ahora era un borrego como todos los demás. Mientras conducía la verborrea en su oído era imparable.
-¿Conoce nuestro nuevo paquete de productos sr. Temprado?
-Dígamelo usted que lo sabe todo de mí.
-Que simpático Don José. Si señor, lo sé todo. Pues por eso precisamente le he llamado. Ahora si contrata una nueva línea le saldrán gratis los mensajes de mente. ¿No es increíble? Todos los MM gratis.
-Para que cojones quiero otra línea, vivo solo como bien sabe. Oiga de verdad que no es el momento estoy llegando al Tanatorio, llame en otra ocasión.
-Es muy buena oferta Don José, no la deje pasar…
 La voz siguió durante todo el funeral, continuó en la cafetería y prosiguió cuando José rozaba la mejilla de la viuda, su amor de toda la vida que Berttini le arrebató. Algo quedaba después de “aquello”, lo sabía,  cuando su amigo tuvo que ausentarse por negocios. Otro caluroso verano pero al contrario que ahora José fue feliz. Dejó los colores oscuros de sus ropas, rieron, se emborracharon y  se bañaron desnudos en la playa, la luna brillaba fuerte y el  se comportaba como si tuviera un futuro.
     Clarisa lo miró de manera difusa.
-Clara- como solía llamarla en la intimidad-  yo...
- Ahora no José, no me llames así.
-Con un descuento del veinte o del treinta y a veces del cincuenta, todo depende del volumen de llamadas…- La machacante voz de aquella mujer seguía en su cabeza y al parecer había elevado el volumen-.Don José ahora es el momento y Clarisa se lo agradecerá, cuando vivan juntos (aunque no me fío de ella lo suficiente) un poco más adelante, ahora esta reciente la cosa, usted la estará esperando con una línea gratis y un descuento importante en un Terminal Interior como el suyo. Le advierto que Clarisa es de otra compañía pero eso no es problema usted la puede convencer…
-¡Cállate, maldita sea!
- ¡José! Por favor- exclamó Clarisa- , no me grites ¿Qué te ocurre?
-No, no eres tu Clarisa, es esta cosa; un T I, no para de hablarme y me tiene loco.
-Yo tengo otro y me es muy útil ¿como  es que no bloqueaste las llamadas comerciales de la compañía?, lo dicen bien claro en las instrucciones, ahora tienes que aguantarte. No piensas las cosas José, siempre te pasa igual, llegas tarde a todo.
-Pero Clara.
-¡Que no me llames así! y menos en el funeral de tu amigo.
-Al que tú le pusiste los cuernos por cierto.
-Vete a la mierda José.
-No se quede callado Don José replíquele a esa traidora que lleva años sin cambiar de compañía, usted merece más que esos desprecios- metió baza en la discusión la operadora.
 Temprado, descolocado por los acontecimientos se quedó petrificado apoyado en la barra de la cafetería.  Todos los asistentes se marcharon menos la operadora.
-En Ciudad de Vacaciones Joven Marino y las copas GRA-TIS ¿Qué me dice?
- ¿Cómo te llamas?
          Por primera vez la tele operadora parecía no saber que decir.
-¡Qué como te llamas joder! Todas las tele operadoras se presentan tu no lo has hecho. Dime tu  nombre.
-No creo que le interese Don José, le habla la compañía Rocktell de manera directa, una gran compañía a su servicio.
-¡Al carajo Rocktell! Soy un cliente y quiero saberlo.
-Esta bien…Vibo Tell  999.
-¿Qué mierdas de nombre es ese?
-El mío.- El tono de voz de la tele operadora se tornaba mas personal y menos comercial o eso le pareció a José.
-¿Eres un puto programa?
-Si a lo segundo y no a lo primero, no sea descortés por favor. A todos los efectos y para el uso que se me da soy tan humana como usted Don José. Y  esta conversación se sale de los esquemas del marketing comercial, por lo que sigo comentándole las ofertas para los próximos cinco meses, toda una primicia.
José salió deprisa de la cafetería, manejó el vehículo como un conductor de rally hasta que llegó al apartamento. Buscó las instrucciones del Terminal que estaban encima de la cama (que no usaba desde hacía semanas, dormía en el sofá) allí leyó, como víctima de paludismo; febril y tembloroso, las instrucciones. En su cabeza Vibo  le hacia saber las bondades de un sofá ergonómico pensado especialmente para sus cervicales dañadas. En el apéndice tercero estaba la solución: “si en su momento no activó el bloqueo comercial tendrá que pagar un plus mensual” ¡Que hijos de puta! ¡Cabrones todos!
Gritó José pero aliviado de todas formas al saber la solución a su problema.
-Vibo o como te llames ponme con Rocktell ahora mismo.
-Don José, ¿quiere prescindir de mis servicios?- ¿Intuyó cierto pesar de corazón en esa voz? , se sorprendió José al pensar en eso- lo lamento, le puedo ser de mucha ayuda.
-¡Que me pongas coño!
 Al otro lado de su cabeza escuchó la musiquita de espera de Rocktell. Sentado en la cama recordó el rostro infantil de Clarisa sombreado por una redecilla negra, sus firmes piernas ajustadas en medias y el desprecio en su voz. A su mente vino Berttini, su único amigo ahora fallecido que se reía en su cara desde la cueva del crematorio. La música de ascensor continuaba. Vibo no decía nada por primera vez en la mañana.
-¿Vibo?
-¿Señor Temprado?
-¿Qué películas me gustan?
-¡OH! Le gustan las viejas películas de ciencia ficción, el cine clásico de finales del XX, todas están en nuestra tienda  para su disfrute.
-¿Si tuviera que encontrar pareja como sería?
-Es más sentimental de lo que parece Don José, necesita una pareja que le entienda y que no se parezca a usted en nada.- De nuevo notó, y esta vez sin duda alguna, una cadencia en la voz de la operadora muy poco comercial.
José se quedó tumbado en la cama. El dormitorio en penumbras,  el ronroneo de la ciudad tras las ventanas, la música de ascensor de los caros, el arrullo del aparato de ventilación, la voz de Vibo.


sábado, 22 de octubre de 2016

A quien corresponda




Las dos primeras décadas del siglo XXI fueron las más prolíficas, en el desarrollo tecnológico, de la historia de la Humanidad. Los descubrimientos en el campo de la mecánica cuántica y la comprensión de la ciencia por parte de la población, generó un pico de demanda social hacia los científicos para que nos pronunciáramos sobre los viajes en el tiempo.

La gente quería saber si sería posible conocer a sus antepasados, si su enfermedad mejoraría, si los hijos tendrían un buen futuro, si les iba a tocar la lotería, si los dinosaurios desaparecieron por el choque de un cometa…

Hicimos todas las especulaciones, simulaciones y experimentaciones posibles.  Desgraciadamente, la física fue tozuda no queriendo cambiar sus leyes.
Extenuados por el esfuerzo, sentenciamos:
"Las teorías de viajes en el tiempo no son más que eso, teorías. El pasado es pasado y es imposible volver a él. El futuro es futuro y es inalcanzable”.



En aquellas reuniones, algunos defendíamos otras alternativas para los viajes al futuro. Recuerdo el último rifirrafe:

—El futuro no está creado y existen infinitas posibilidades, infinitos caminos que se desarrollarán de infinitas formas y no los hemos descubierto. Hoy por hoy, viajar al futuro es imposible, aunque existe otra posibilidad. —No era la primera vez que utilizaba mi argumento, pero la comunidad ya estaba derrotada por las evidencias.

—Amigo Isaac, el futuro es influenciable por los hechos que acontecen, puede moldearse superficialmente, pero siempre surgen interacciones que modifican el comportamiento del tiempo y lo convierten en impredecible. Por eso es imposible ir al futuro. —El doctor González utilizaba las conclusiones a modo de dogma.

Yo me defendía.
—No hablo de máquinas, ni de entrelazamientos cuánticos, ni cuerdas cósmicas, ni agujeros de gusanos, ni pliegues del espacio - tiempo. Tampoco hablamos de leyes imposibles de ejecutar. Hablo de cerrar los ojos y abrirlos cientos de años más tarde. Un viaje unidireccional sin posibilidad de retorno al pasado.

Y me replicaban.
—Tu y ese imposible despertar en el futuro. De todas formas, ¿de qué nos serviría, ahora en el presente?
A pesar de tener la respuesta preparada, me tomé unos breves instantes para observar los ojos del doctor, intentando penetrar en su mente, hundir mis manos en su cerebro y abrírselo hacía nuevas perspectivas. A pesar de la imposibilidad, no ceje en el empeño.
—A nosotros no nos servirá de nada, ni siquiera tendremos certeza del éxito. —Regresé al silencio unos segundos mientras giraba 360º mirando a todos los reunidos sin ver a nadie. Quería empujar mis palabras hacia sus cerebros, deseando una convergencia de todas esas mentes brillantes hacía mi argumento y convertirlo en un punto en común. —Les servirá a ellos, dispondrán de la experiencia directa de nuestras vivencias y especulaciones en el siglo XXI. Tendrán una historia viva del pasado y un análisis real de aquel presente. Un aviso de lo que nos preocupaba para el futuro, su presente. Así, tal vez, ellos podrán dirigir su futuro.

—Isaac, tu viaje al futuro es un suicidio sin paliativos.

Esas fueron las últimas palabras que escuche del doctor González, me expulsaron del gabinete de asesores de la Organización Mundial de la Ciencia, en ese preciso instante.



Me largaron, pero no estaba derrotado. Recluté a un reducido equipo de “creyentes” que me ayudaron en mi empeño de ser el primer viajero al futuro.

Gracias a Spacex Corporation, desarrollamos una cápsula espacial que se lanzó hacía la órbita del asteroide 2016 HO3 el 14 de febrero del año 2018. En su interior un vaso Dewar para la criopreservación humana cedido y adaptado por Alcor Life Extension Foundation. Diseñado específicamente para albergar dos cuerpos completos de personas sumergidas en nitrógeno líquido a 77K (–196 °C).
El cuasi-satélite de la Tierra, 2016 HO3 era perfecto para nuestros planes, nunca se alejaría más de 100 veces la distancia entre la Tierra - Luna y su órbita sería estable durante cientos de años.

No hubo mucho tiempo para experimentaciones y teníamos muchas cosas que resolver si queríamos “volver” quinientos años más tarde.

Se crearon cinco equipos de trabajo, basados en la reanimación y coordinados por mí:

El primero se centró en la reparación de los posibles daños por falta de oxígeno.
El segundo eliminó la toxicidad de los crioprotectores.
El tercero evitó las fracturas ocasionadas por la tensión térmica.
El cuarto desarrolló la congelación de tejidos no vitrificados correctamente.
El quinto trabajo sobre la regeneración exhaustiva de tejidos.

Creamos nanomáquinas y nanopartículas, ensambladores moleculares, reparadores estructurales… una cantidad inmensa de organismos y dispositivos microscópicos que nos restablecerían la estructura celular y química a nivel molecular, antes de la recuperación térmica.



Lo conseguimos, yo soy la prueba viviente de que el viaje al futuro es/fue posible.
En el año 2018 tenía treinta y ocho años y hoy, según lo que se lee en las pantallas, en el año 2518 sigo teniendo los mismos años, pero quinientos años más viejo.

Fatalmente, un éxito no completo.
Mi compañera no ha sobrevivido y su vaso Dewar solo contiene restos óseos de lo que fue una persona, no sé lo que ha ocurrido, pero tampoco lo investigaré ni lo podré compartir con la humanidad del futuro, el futuro tomó una senda sin futuro y yo con él.



Fin de la grabación con destino “A quien corresponda”